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Carmen Martínez-Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Sánchez de viaje

En los regímenes unipartidistas, simpático eufemismo de dictatorial o tiránico, obviamente no existen los partidos de la oposición, así que, cuando el poder muestra debilidad, a menudo es la calle la que protesta hasta que dicha debilidad muta en represión. Eso ha pasado en Cuba, pasó en Tiananmén -fugaz espejismo- y no pasa en Corea por el diferente grado de desgaste del régimen. Aunque nadie sabe muy bien lo que se cuece en esos países donde el control de la prensa prohíbe la desafección. ¿Les suena?

En España poseemos una democracia sólida pese a la opinión del, por el momento, olvidado Iglesias, así que criticamos desde la prensa al gobierno, a la oposición, a los obispos y a quien nos pete. Y es un enorme consuelo. Ese es además el papel esencial de la oposición, que contrarresta y controla con sus propuestas, críticas, acciones jurídicas y todos los instrumentos a su alcance la labor del gobierno, si no les parece correcta o les resulta lesiva para los intereses de la nación o para los suyos propios, que eso también es legítimo.

Pedro Sánchez se ha ido a EEUU y a mí me parece muy bien que busque inversores privados y se gane el sueldo defendiendo la solvencia de España y las oportunidades que como país da para invertir en él y haga propaganda de nuestra patria y de su calidad de vida. Da lo mismo que sea guapo, que lo es, pues su galanura atraerá a americanos y a americanas, pero no a quienes tengan que tomar las decisiones. No debe extrañarle que la oposición –y yo misma, humildemente- critique la ausencia de contactos institucionales, porque precisamente ese es el papel de la oposición y la prensa, vaya a San Francisco el hombre o a las Azores. Lo que se entiende peor es que el presidente ejerza de oposición a la oposición y la llame gritona, en un viaje que supuestamente busca potenciar a España y no a él. Lo que ya no se entiende nada es que desde su propio gobierno le bombardeen la estrategia, -Díaz, Belarra- insultando a los fondos de inversión, esos buitres, asustándolos. Porque ese es el problema de fondo, querido lector.

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