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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Realidad imaginaria

Con Paloma del Río en la cabeza

Antes de abrir los ojos, la escucho por primera vez: «Te acabas de dejar dos décimas en esa última vuelta en la cama». Me llevo las manos a las orejas para comprobar si me dormí con algún podcast de historia en los auriculares. Nada. «Ahora abrirás los ojos con fuerza expresiva y corregirás la recepción fuera del colchón», me aconseja.

Es definitivo: oigo voces. Una voz severa pero a la vez cariñosa, que comenta y evalúa cada uno de mis movimientos. «Demasiado impulso en esa salida de la ducha», me dice cuando resbalo para coger el albornoz.

A partir de ese momento, la voz me acompaña en cada gesto. Enuncia la dificultad de cada tarea que arrostro y evalúa mi virtuosismo en la ejecución: «Has sido valiente con la elección de los fideos de trigo sarraceno», «Mucha elegancia al servicio de la precisión en ese lanzamiento de basura», «Has clavado esa recepción con una mano en la barra y la otra en la compra después del frenazo del autobús: ¡bravo!» . Cuando en el banco me cobran por la nueva tarjeta, un imbécil asegura que lo del 36 no fue un golpe de estado y se me cuela un vecino en el ascensor: «Toma aire antes de saltar, Otero». Y en casa, cuando le doy una patada con el pie descalzo a la jamba de la puerta (meñique roto): «Cabeza alta, Miqui, puntas en extensión hasta la farmacia más cercana».

Hace media hora que no escucho la voz. Pongo las Olimpiadas y una gimnasta borda un salto mortal. «Simón», pronuncia clarísimamente la voz, aunque ahora suena desde el televisor, «Simone Biles está a otro nivel». Y por fin lo entiendo. Me podría haber tocado la voz en off de Siri o de José Manuel Soto. Pero he tenido suerte y me ha sido adjudicada Paloma del Río. La gran comentarista de gimnasia olímpica de TVE, con 15 juegos narrados a sus espaldas, con esa pertinaz defensa sosegada del encanto y la diferencia (de género, orientación sexual, potencial económico), con ese mimo a lo minoritario (sea el curling o los ejercicios de mazas). Dicen que son sus últimos Juegos Olímpicos, pero seguiremos escuchándola. Una voz de la conciencia colectiva.

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