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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Tokio no da condones

A los Juegos Olímpicos se va a jugar olímpico y punto. Cuando los juegos eróticos sean disciplina olímpica hablaremos. De momento, en Tokio no hay condones. ¿Y por qué motivo ha consignado la organización 150.000 condones? Por el mismo que los hay desde las olimpiadas de Seúl 1988, por hacer propaganda contra el Sida y evitar su propagación citius, altius, fortius. Pero 2021, el año de Tokio 2020, es el del Covid 19 y no quieren contactos entre los habitantes de la villa olímpica, 18.000 personas jóvenes y sanas, a muchas de las cuales el preservativo les sienta como un guante. La villa olímpica será la aldea de los Pitufos y cuando la desalojen repartirán los 150.000 condones, que son un pago en especie consolidado desde hace 33 años.

Tokio ha decidido contra natura y contra cultura. Contra natura, con castidad. Contra cultura, porque la prohibición se centra en el preservativo, ese instrumento de la penetración tan desacreditada por el parloteo dominante, porque restringe la sexualidad al falocentrismo. ¿Querían favorecer otro tipo de relaciones o ni las contemplan, aunque sean tan contagiosas como las más tradicionales? Mal, Tokio, mal. Es probable que haya pesado ese valor de uso de los preservativos que hace que nadie los ahorre ni invierta en ellos para atesorarlos. No se conocen personas con síndrome de Diógenes que haya almacenado cajistas de profilácticos ahorradas en las relaciones no consumadas o consumadas sin condón a lo largo de la vida. El valor de uso irreprimible es una idea arraigada en los contrarios al reparto de preservativos entre adolescentes porque creen que en el condón coinciden consumar y consumir y que preservar a los chavales de que contraigan enfermedades sexuales es animarlos a las prácticas sexuales, como si necesitaran ánimos. Aquí hablamos de deportistas hechos y derechos, obedientes y disciplinados (dicen de ellos) a los que la responsabilidad respecto al Covid no les hará percibir el preservativo como monedas en una sala de tragaperras o calderilla para lanzar al estanque de los deseos. Condones para los olímpicos.

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