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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

Verano entre letras

El verano ha llegado, sí, aunque los que residimos en la capital tengamos la sensación de que esta estación empieza a la altura del aeropuerto, que por alguna razón la panza de burro no se atreve a cruzar. Quizá haya una guerra entre cielos con sus fronteras, ejércitos y líderes y las nubes autoritarias que dominan la capital no sean tan valientes ante el azul celeste que se extiende por el resto de la isla y caen rendidas a la altura de Ojos de garza. Sin embargo, el verano es algo que se lleva por dentro y con sol o sin él sabemos que es ese momento en el que la vida se ralentiza y se vive al golpito. Entre siesta y siesta, chapuzones y sobremesas largas hay algo que siempre nos acompaña: un libro. Porque el verano tiene esa esencia que nos invita a sumergirnos, además de en la piscina o en el mar, bajo las páginas de una novela. Por esta razón, cada estío me gusta pasarme por aquí a recomendarles algunas lecturas que amenicen sus atardeceres. Este año les recomiendo tres, la trilogía de J.D. Barker, que ya ha sido comparada con la obra maestra de Thomas Harris. Esta saga está compuesta por «El cuarto mono», «La quinta víctima» y «La sexta trampa». ¿Qué van a encontrar en estas historias?, se preguntarán. En el primer libro descubrimos el diario del asesino, un personaje escabroso sin escrúpulos con una extraña querencia hacia la tortura, que empieza así: «No dejes de leer. Es necesario que entiendas lo que he hecho» y esta será la tónica de las tres historias, la de no parar de leer aunque en más de una escena cerremos los ojos, nos revolvamos en el sofá o pensemos que quizá es un poco fuerte para la hora de la digestión. Da igual, serán incapaces de soltar el libro, cuyos ingredientes son la intriga, el juego psicológico, la moral vista desde diferentes perspectivas y las pulsiones humanas. Cada fragmento les hará navegar entre las luces y las sombras de cada uno de los personajes, que a su vez son también las nuestras. Una de las lecciones con las que el asesino justifica las muertes versa sobre las enseñanzas de los tres monos, originarias de la mitología china: «No verás el mal», mono Mizaru. «No escucharás el mal», mono Kikazaru y «No dirás el mal», mono Iwazarú. En esta trilogía encontramos un cuarto mono «No harás el mal», trasfondo sobre el que se esconde el origen de los asesinatos. ¿Quién de nosotros no ha visto, escuchado o dicho algo que no debía? ¿Quién de nosotros no ha hecho alguna vez algo indecoroso? ¿Estaríamos, por tanto, en el punto de mira de este psicópata apodado «El cuarto mono»? Probablemente. Aun así, como reza el inicio del diario, no dejarás de leer para entender el porqué de su historia.

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