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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

Subvenciones o ayudas envenenadas

Querido amigo: he sabido de un emprendedor que hace diez años solicitó una subvención al gobierno de Canarias para desarrollar un proyecto cultural, pero que, a pesar de intentarlo, no pudo rentabilizarlo, después de haber gastado el importe de la subvención, así como la parte que tenía que poner de su bolsillo.

Tal como está establecido en las instituciones, si solicitas una ayuda pública te pueden conceder hasta el 50% de lo que necesitas, pero no puedes presentar facturas a tu nombre sino de terceros.

Es decir, que si solicitas 3.000€ pueden darte 1.500€, pero tendrás que justificar 3.000€ y presentar facturas. El problema surge cuando, por economía, no puedes contratar los servicios de un profesional que emita esas facturas, que fue lo que le ocurrió a este solicitante, que ahora se ve en la obligación de devolver las cantidades recibidas requiriéndosele vía Agencia Tributaria, la cual ha embargado todas sus cuentas bancarias y bloqueado los ingresos que reciba a su nombre cualquiera que sea su procedencia.

Agotados ya todos los plazos y procedimientos posibles, nuestro incauto emprendedor se encuentra ahora literalmente en la calle y sin ninguna posibilidad de reconducir su situación, por lo que ha optado por presentarse en la Consejería de Hacienda del Gobierno de Canarias y «entregarse» a las autoridades pertinentes como delincuente convicto y confeso, que es como está considerado ahora por la administración.

Si fuera necesario, también estaría dispuesto a darle un bofetón al funcionario o cargo público que se le ponga delante con tal de que lo encarcelen, y poder así tener un lugar bajo techo donde vivir y alimentarse.

Claro que no sería lo mismo si se tratara de un cargo público, que pueden «autoindultarse» tranquilamente, como en el caso de los catalanes o como Rocío Monasterio de la Asamblea de Madrid, que falsificó un documento público para la construcción de un piso en la capital, pero el juez no la imputó porque el documento estaba muy mal hecho…

Es el regreso del Conde de Romanones y su doctrina, Gregorio, que acuñó el siglo pasado la frase: «Al amigo ponle el culo, al enemigo dale por el culo y al indiferente se le aplique la legislación vigente».

Parece evidente que nuestro emprendedor es, como la mayoría de nosotros, uno de los indiferentes al que se le aplicará la legislación vigente, mientras que los herederos de Romanones y sus políticas de corrupción quedan impunes ante la justicia porque las instrucciones siempre terminan cuando prescribe el delito.

Es lo que hay y así es el mundo que hemos creado, Gregorio, y habrá que adaptarse o morir en el intento.

Aunque, como decía Rumi, el erudito y teólogo islámico del siglo XIII, «ayer era inteligente, por lo que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, por lo que me quiero cambiar a mí mismo».

La cuestión es cómo cambiar sin acabar con el culo hecho un asco.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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