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Manuel Ángel Santana Turégano

¿Turismo o ayudas? El modelo socio- económico canario

A mitad del siglo XIX, cuando la Revolución Industrial avanzaba imparable en España y Europa, el decreto de Puertos Francos de Bravo Murillo sentó las bases del modelo económico canario durante un largo tiempo. Un modelo, basado en bajos impuestos, que favoreció a la burguesía comercial, a los grandes propietarios agrícolas que se dedicaban a la agricultura de exportación y frenó el desarrollo de una burguesía industrial canaria. Cuando siglo y medio después las islas se integraron plenamente en Europa el modelo económico que se ha construido desde entonces ha retenido algunos elementos del anterior (bajos tipos impositivos, tal y como se recoge en el REF) a la vez que ha introducido elementos nuevos, como la gran importancia de las ayudas exteriores en el modelo económico canario.

Ahora que uno de los temas estrella del verano es reparto de los Fondos Europeos Next Generation, y que las distintas comunidades autónomas españolas parecen dispuestas a pelear por lograr una mayor parte del pastel, un reciente y solvente estudio dirigido por profesores de Economía de la Universidad de La Laguna plantea que las islas han sido discriminadas en el reparto actual pues, al calcular el PIB usando la misma metodología que se ha usado para el resto de España, no se ha tenido en cuenta que el IGIC es, de media, como mucho, la mitad del IVA que se cobra en Península y Baleares. Pues bien, lo que a mí me ha llamado la atención es que, con o sin IGIC, el valor monetario de todos los bienes y servicios que se producen en Canarias a lo largo de un año (que más o menos eso viene a ser el PIB) es aproximadamente la mitad de las ayudas que Bruselas repartirá, a fondo perdido, en los próximos años por toda España (además de otra cantidad similar préstamos preferenciales).

¿Cuál es la base del modelo económico canario? Aunque todos hemos escuchado infinidad de veces que el turismo es la base de nuestra economía, pocos conocen el dato de que, según los estudios económicos más solventes, el turismo, en un sentido amplio, representa poco más de una tercera parte del PIB y del empleo en Canarias. ¿Quiere eso decir que las dos terceras partes de la economía turística no tengan nada que ver con el turismo? A menudo se habla del efecto multiplicador del turismo: los turistas vienen a Canarias, pero consumen, por ejemplo, plátanos, papayos, mangos o piñas; café, helados, galletas o vinos; también alquilan coches, utilizan cajeros y sucursales bancarias, y a menudo, acuden a conciertos, acontecimientos deportivos y todo tipo de espectáculo. Por lo que la demanda turística en Canarias tira también del sector primario, del sector secundario e incluso del sector servicios.

Pero, ¿qué pasa con las dos terceras partes de la economía que no son turísticas? Sí, las islas reciben dinero del exterior gracias a los servicios que adquieren los turistas. Pero también gracias a ayudas europeas que financian, por ejemplo, la importación de alimentos, la formación de la población o la construcción de carreteras. ¿Y no tienen esos sectores también su propio efecto multiplicador? Quienes para cobrar “el paro” realizan un curso del Servicio Canario de Empleo a menudo desayunan a alguna cafetería cercana, con lo que su dinero beneficia también a la restauración; y buena parte del profesorado de esos cursos, especialmente en este período de pandemia, pasan sus vacaciones en hoteles y apartamentos de las islas, con lo cual también han beneficiado al sector hotelero.

Vale la pena leer el informe anteriormente señalado: aunque las ramas de comercio, transporte, hostelería e información y comunicaciones son las más importantes en la economía canaria, aportando un 36,7% del VAB y el 42,3% del empleo, no están muy por detrás las de administración pública, educación, sanidad y actividades artísticas y recreativas (25,9% del VAB y del 31,4% del empleo). Aunque sólo sea para polemizar, permítaseme el experimento mental de plantear, dada la importancia de las ayudas también en los sectores de la hostelería, el comercio y los transportes, que quizá al principal motor económico del archipiélago no es el dinero que viene de Europa con los turistas, sino el que viene con las ayudas. Según refleja el ISTAC, antes de la pandemia la mitad del movimiento de pasajeros en Canarias se daba entre islas, y no entre las islas y el exterior, y ya sabemos que el 75% del billete es pagado con ayudas; las ayudas europeas, ya sea directamente como tales o como descuentos en los impuestos, están en la base de la actividad de muchos sectores. Quizá como consecuencia de todo ello, se da en las islas un fenómeno curioso: mientras que en otros lares las patronales suelen pedir “menos estado”, lo que se traduce en menos impuestos, en Canarias suelen pedir dos cosas aparentemente contradictorias: menos impuestos, pero más ayudas (para mi actividad).

¿Cómo obtener dinero para más ayudas si recaudamos menos impuestos? Los sociólogos sabemos que los mitos sobre la realidad social suelen cambiar menos que las realidades a las que hacen referencia: pese a los tópicos sobre la falta de transparencia, basta buscar un poco por Internet para acceder a los presupuestos del Gobierno de Canarias, de los Cabildos o de los principales ayuntamientos. ¿De dónde obtienen el dinero para “poner las calles” y permitir que se realice cualquier tipo de actividad? Casi la mitad viene de impuestos transferidos (la parte del IRPF que gestiona el Gobierno de Canarias, por ejemplo). Hay una parte de dinero que viene de tasas e impuestos locales (Actividades Económicas, Basuras, IBI). Pero casi la mitad proviene de transferencias, bien sea de “Madrid” o de “Europa”.

¿Somos una sociedad dependiente de las ayudas económicas del exterior? ¿Es eso bueno o malo? ¿Cuándo y cómo decidimos que queríamos ser así? El objetivo de este artículo no es otro que polemizar y hacer pensar, no pretendo responder a estas cuestiones: me conformo con que nos permitamos planteárnoslas.

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