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Desirée González Concepción

Relaciones sólidas, líquidas y gaseosas

Zygmunt Bauman desarrolló el concepto de «modernidad líquida», entendiendo que nos enfrentamos a una sociedad frágil, escurridiza, una sociedad que no encuentra el tiempo necesario para profundizar en ninguno de los ámbitos de nuestra vida. Decía Bauman que la vida social ya se ha transformado en una vida electrónica o «cibervida». En efecto, el móvil y las pantallas nos permiten mantenernos comunicados continuamente, pero, permanecemos comunicados «a distancia». En esta era digital todo es instantáneo y a la vez efímero. Las relaciones de amistad o de pareja no cuentan apenas con tiempo para macerar, los encuentros son breves sin oportunidad para indagar en la personalidad del otro. En esta cultura de celeridad, entendemos que pronto encontraremos un suplente, quizá mejor que el anterior, y por tanto no «perdemos» tiempo en descubrir, en empatizar, en arraigar…

Pienso que con la llegada de la libertad sexual hemos confundido las relaciones fluidas con las relaciones líquidas. Las personas con diferentes orientaciones sexuales hablan de enamoramiento, de respeto o de congruencia. Las relaciones fluidas se establecen desde el diálogo y el consenso de las personas que intervienen en ellas. Sin embargo, dentro de las relaciones líquidas cabe la mentira, el acoso, el ghosting (hacer el vacío a alguien a través de las redes), el breadcrumbing( ignorar a la otra persona pero envíar ciertas señales para seguir captando su atención). Resulta común encontrar ghosters entre las redes, que se atreven a cortar una relación afectiva sin ningún tipo de explicación. La persona afectada queda en una posición de indefensión y por supuesto su autoestima se ve dañada. Estos fantasmas narcisistas, con toda seguridad, necesitan «presas fáciles» para seguir alimentando su ego. Por supuesto, las personas que recurren a estas técnicas y desaparecen de la noche a la mañana, o peor aún, van y vienen a su antojo, no conocen el significado de palabras como honestidad o coherencia. Personas que se esconden tras la pantalla para sentirse poderosas humillando a otras… Más que relaciones líquidas, yo las denominaría «relaciones gaseosas»; puesto que estas personas intentan cubrir todo el espacio de la presa pero, en realidad, son invisibles. Ni que decir tiene, que este tipo de relaciones son altamente tóxicas.

No creo que haya que recurrir a la peli de Ivan Reitman para conventirnos en cazafantasmas. Si nos vinculamos con una persona que ofrece señales ambiguas, que no nos aporta, que en ocasiones nos evita y otras veces busca nuestra presencia… sin lugar a dudas, hemos pillado a un ghoster. Seguramente deambule por las páginas de contactos buscando un nuevo títere que caiga en sus redes y así actuar a sus anchas. Desde luego, no existe ningún tipo de regulación para este tipo de maltrato psicológico.

Desde este vacío legal, la mejor defensa es no perder de vista nuestro amor propio. Debemos estar atentos a la relación con nosotros mismos, cuidarnos y mimarnos hasta sentirnos completos. Una vez estemos empoderados, una vez nos atrevamos a mantener un verdadero romance con nosotros mismos, podremos salir en busca de ese compañero de viaje. Un compañero de vida con el cual compartir nuestra abundancia y no al cual aferrarnos para que supla nuestras carencias. Desde esta relación donde cada uno pone en común lo mejor de sí mismo, podremos empezar a hablar de una relación saludable, de relación confluyente. Cuando hayamos superado el miedo a la soledad, no existirá en el mundo digital ni en el mundo real «fantasma» capaz de convertirnos en dependientes emocionales. Solo entonces, cuando podamos presumir de seres autorrealizados sin necesidad de estar en pareja, es posible que se evaporen las relaciones líquidas, se fuguen las relaciones gaseosas y broten por fin relaciones sólidas en nuestras vidas.

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