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José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Sorprendente moderación de los talibanes

La caótica retirada de las tropas norteamericanas en Afganistán y la del personal mayoritariamente militar de las naciones que apoyaron esa aventura (entre ellas España) ha causado desconcierto en la opinión publica mundial. Sorprende la rapidez con que los talibanes, en poco menos de una semana, ocuparon el territorio que dejaba libre el ejército afgano (300.000 soldados) prácticamente sin luchar al cabo de veinte años de adiestramiento. Sorprende la falta de planificación de una salida que estaba fijada para el 31 de agosto del presente año. Y, sobre todo, sorprende que los talibanes (60.000 combatientes se les suponía) se hayan presentado ante los medios occidentales prometiendo una pacífica toma del poder, una amnistía general, y respeto para las mujeres que deseen estudiar y trabajar. El recuerdo de las siniestras etapas anteriores (especialmente entre 1996 y 2001), durante las cuales ejercieron una brutal dictadura, pesó en el ánimo de la población que todavía teme una repetición de aquella barbarie. Las escenas de pánico en el aeropuerto cercano a Kabul hacían presagiar lo peor de forma inmediata aunque los portavoces de los talibanes se esforzaban en transmitir mensajes de tranquilidad a la población. En las televisiones pasaron tiernas imágenes de guerrilleros disfrutando de las atracciones de una feria. Y al responsable de la política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, reconociendo que debían dialogar con los dirigentes de los talibanes. “¿Con quien si no? —dijo el político catalán— Han ganado la guerra”. Para saber de verdad quién ha ganado esta penúltima guerra de Afganistán, aún ha de pasar un tiempo, el necesario para observar cómo mueven ficha las grandes potencias sobre el tablero de lo que se ha dado en llamar el “Gran Juego” en Asia Central. En movimientos anteriores hemos visto a los talibanes participar en la guerra contra la ocupación soviética que apoyaron con medios y dinero Estados Unidos y Arabia Saudita . Los rusos se retiraron en 1996 y fueron muchos los analistas que interpretaron esa derrota como el preludio del hundimiento de la Unión Soviética. y el fin de la Guerra Fría. Mientras Washington buscaba un nuevo enemigo con quien confrontar, surgieron una serie de grupos y personajes siniestros vinculados, supuestamente, al islamismo. Como Bin Laden, un multimillonario saudí convertido al fundamentalismo; Al Qaeda, una organización terrorista de ámbito mundial; y, además de eso, un ejército secreto formado por células durmientes y lobos solitarios. Hasta surgió un Califato que llegó a ocupar provisionalmente territorios de varios estados de Oriente Medio. En estas estábamos cuando se produjeron los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. El presidente Bush, dio por buena la versión de que los instigadores de los atentados habían sido Bin Laden y Al Qaeda, que estaban refugiados en Afganistán, y declaró la guerra al terrorismo mundial . En estos veinte años de ocupación norteamericana fue imposible convertir un régimen feudal en un estado democrático. Al parecer, el único éxito de esa aventura militar fue la localización y muerte de Bin Laden, que estaba refugiado en Pakistán, por fuerzas especiales de Estados Unidos. El episodio fue visto en directo por televisión desde la Casa Blanca por Obama, Hillary Clinton y altos mandos militares. Nunca vimos el cadáver del enemigo publico número uno, que, según nos cuentan, fue enviado al fondo del mar para evitar que su tumba se convirtiera en lugar de peregrinación. Como el Apóstol Santiago.

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