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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Camilo José Cela Conde

Miradas

Camilo José Cela Conde

Periodista

Occidente

El fin de Occidente? Proclamar ese hundimiento colectivo de las naciones más ricas, poderosas y cultas del planeta como consecuencia de la absurda y desastrosa huida de los Estados Unidos de Afganistán es pecado de lesa sinécdoque, el tropo retórico que consiste en designar el todo recurriendo sólo a una parte. Qué duda cabe de que Estados Unidos es, todavía, la parte más importante del mundo occidental, la mayor potencia, por mucho declive que enseñe por debajo de la alfombra. A los imperios les cuesta desaparecer una vez emprendida la bancarrota y, pese a toda la vergüenza, dolor y amargura que causa esa guerra absurda que se llevó a Afganistán para cumplir unos objetivos imposibles, los Estados Unidos tienen cuerda imperial para rato. Otra cosa es que declinen la posibilidad de seguir jugando ese papel y se concentren en la tarea de mirarse el ombligo —América Primero— que rescató Donald Trump de la tumba de su antecesor de los inicios del siglo XX, Woodrow Wilson. Por más que éste, Wilson, abandonase la doctrina para entrar en la Primera Guerra Mundial uniéndose a la causa antigermánica.

Si la estrategia de América Primero hubiese mantenido su vigor en el siglo XX la Historia sería distinta a como la conocemos quienes no prefieren cambiarla a su gusto. Resulta difícil imaginar que Churchill, con todo su empuje, hubiera podido mantener de manera indefinida el pulso a Hitler en una Gran Bretaña cada vez más empobrecida y famélica. ¿Y tenemos que creernos que, ahora sí, los Estados Unidos beligerantes en ambas guerras mundiales han desaparecido como imperio? No sucedió tal cosa en ninguna de las aventuras bélicas posteriores, con el Vietnam como ejemplo más hiriente. Pero si, haciendo caso a la inmensa mayoría de los comentaristas, hay que borrar ya a EEUU de la nómina de los imperios vigentes, ¿significaría eso que todo el mundo occidental se desploma?

Occidente es mucho más que poder militar o incluso económico a secas. Supone el compendio de los tesoros culturales y los principios civiles que sostienen nuestra civilización. ¿Desaparecen con la espantada de Afganistán la Ilustración, los museos como el Prado o el Louvre, la obra entera de Shakespeare —por citar un solo autor— y la música de Mozart y Beethoven? ¿Mueren Kant, Hume, Newton y Einstein?

Si lo que ha desaparecido de la mano de los aviones atestados huyendo de Kabul es la tentación de hacer proselitismo llevando el Estado de Derecho allí donde, por no haber, no hay ni Estado, lo que aparece a mí se me antoja una etapa mucho más razonable. Un futuro necesitado como nunca de la defensa de los derechos humanos, los de las mujeres y los niños en especial, allí donde estén amenazados. De lo que se trata es, en el fondo, de cambiar el imperio por la civilización.

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