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El mundo por de dentro

La inflación que nos viene

El último dato de la inflación anual estimada del IPC en agosto de 2021 es del 3,3%, según el INE. La Unión Europea establece unos topes en el déficit y en endeudamiento de sus socios. Ahora con la crisis pandémica ha permitido superar los topes para favorecer la reactivación; pero el Índice de Precios del Consumo supera el margen que la Unión Europea fija en la inflación para un crecimiento económico razonable. La oposición de la derecha estatal y autonómica no ha sacado todavía este tema, pero sin duda va a estar de actualidad en los próximos meses.

En el mes de julio esta variación fue del 2,9%. «En este comportamiento destaca la subida de los precios de la electricidad, mayor este mes que en agosto del año pasado» (INE). La tasa estimada de la inflación subyacente (índice general sin alimentos no elaborados ni productos energéticos) aumenta una décima hasta el 0,7%, con lo que se sitúa más de dos puntos y medio por debajo de la del IPC general.

Los economistas nos van a repetir por activa y por pasiva que la inflación está creciendo y el problema económico que eso representa, y es verdad. Si nos fijamos un poco, siempre que hablan de la inflación lo hacen sin sujeto. Como mucho le ponen un «se» signo de oración impersonal, que dicen los gramáticos. No hay sujeto. La inflación baja o sube como si fuera cosa de magia. Así no hay quién entienda qué es la inflación y cómo controlarla.

Entender dónde estamos es lo primero que hace falta para poder actuar o intervenir sobre una situación. Un clásico de la economía advirtió que la subida de precios, el que puede hacerla manteniendo las ventas –caso de los monopolios– es una forma de acaparar una proporción mayor del pastel que llamamos Producto Interior Bruto (PIB). Por sectores la subida en agosto la encabezan «vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» con un 9,4% interanual. Le sigue el sector del «transporte» con un 8,5; y, ya muy por debajo, del IPC general están: «alimentos y bebidas no alcohólicas» con el 1,7% y «restaurantes y hoteles» con el 1,1. El resto de sectores están por debajo, incluso algunos presentan índices negativos.

Electricidad, gas y otros combustibles lo tenemos todos los días en los titulares del precio de la luz. El sistema para calcular los precios de la energía lo emplean también todos los países de la Unión. La diferencia es que la empresa nuclear francesa es propiedad mayoritaria del estado francés, igual que Alemania, Italia, y otros países tienen empresas públicas capaces de romper el oligopolio. ¿Se acuerdan de cuando se privatizó nuestra Endesa (Empresa Nacional de Electricidad SA)? Se adjudicó, gobernando el PP (Aznar), a la Empresa Nacional de Electricidad Italiana cuando la pretendían Gas Natural e Iberdrola. Las principales empresas nacionales de los sectores estratégicos fueron privatizadas mientras los países europeos conservaron al menos una. De aquellos polvos, estos lodos.

La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) ha acordado limitar la producción para el año 2022 a 4,2 millones de barriles diarios. El resultado es que vendiendo menos ganan lo mismo, al menos hasta que seamos capaces de sustituir los combustibles fósiles por las renovables. Por eso, sube la gasolina aunque haya menos demanda y consecuentemente sube también el transporte. Ahora que se inicia la reactivación económica y aumentará la demanda mantienen congelados el volumen de producción de petróleo. Las grandes empresas multinacionales y el oligopolio de las energéticas españolas están en el origen de las subidas de precios y del IPC. Están aumentando su proporción en la «tarta» del PIB. Las petroleras ya lo hicieron en los años 70 del siglo pasado.

En todos los sectores estratégicos las principales potencias europeas han mantenido al menos una empresa estatal capaz de competir y evitar los oligopolios: transporte por ferrocarril o aéreo, energía, electricidad, telecomunicaciones. La existencia de patronatos municipales de vivienda o de viviendas de protección oficial es también la única forma de limitar el aumento del precio de la vivienda y de los alquileres.

La revisión del salario mínimo interprofesional (SMI) es la subida del precio del trabajo de la gente menos cualificada, y por lo tanto ayuda a que mantenga su poder adquisitivo, su pequeña participación en el PIB. Ahora saldrá el Banco de España, con sus habituales salidas de pata de banco, culpando de la inflación al incremento del salario mínimo, o a las pensiones.

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