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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Ética marica

"El conservadurismo nunca dio nada nuevo, nunca inventó nada, nunca apostó por nada. El espíritu conservador no está hecho para nosotras. Ni siquiera porque tengamos un poquito de cobertura legal debemos volvernos conservadoras, meros custodios de un respirito histórico en una tierra de maricas masacradas y violentadas”. Repaso en la tarde que declina las páginas apresuradamente escritas de Ética marica, el último libro del profesor, ensayista y activista gay Paco Vidarte, su último y chisporroteante legado. A la altura de 2007, Vidarte acumulaba una creciente irritación. Su temor – y su insatisfacción – es que una vez aprobada la norma legal que permitía el matrimonio entre homosexuales y lesbianas –a sumar a otros derechos obtenidos desde la aprobación de la Constitución de 1978 -- el movimiento LGTBQ perdiera tensión y ambición crítica y reivindicativa. Vidarte, en esos últimos años de vida, se multiplicó en foros, manifestaciones, discursos y artículos para aclarar que los avances estaban muy bien, pero España seguía siendo un país homófobo y tránsfobo y “las maricas en este país nos hemos convertido en masa inerte desmovilizada” al suponer “que los retrocesos son imposibles, olvidando que un pequeño retroceso puede significar muchos asesinatos y miles de vidas rotas para siempre”.

Hay una reacción contra las agresiones homófóbicas que me repugna especialmente, y es esa burlona condescendencia que advierte que ni en Madrid ni en ninguna capital española puede registrarse una violencia específica y organizada contra los homosexuales y lesbianas. Es asombrosa la aguda inteligencia de estos zoquetes que te repiten una y otra vez que ser homosexual, lesbiana o trans en España está perfectamente tolerado y a nadie se le molesta por eso. Ciertamente la situación ha mejorado en los últimos treinta años, pero no se debería olvidar que muchos hombres y mujeres nunca podrán superar del todo los miedos y humillaciones que padecieron en su adolescencia y que aún hoy existe una a menudo solapada, pero persistente y artera homofobia amable (o no) en ámbitos familiares, profesionales, académicos o deportivos. El consenso social sobre el respeto irrestricto a la identidad sexual, a la libertad sexual, a la gestión de tu género y tu vida sexual, es extremadamente frágil. En coyunturas prolongadas de atomización de tribus y familias, de estilos y patrones de orden que desaparecen, de un futuro que se ha esfumado y un presente que ya es puro humo, de obsolescencia de valores y miedos feroces, la tentación de regresar a los viejos odios y resentimientos es creciente.

Vidarte tenía razón en reclamar más y mejor educación. En la escuela española (y en la canaria) el trato a la diversidad sexual y a los derechos de orientación sexual e identidad de género es casi inapreciable, porque la educación en valores no la toma nadie en serio, después de la desaparición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La principal lección de Vidarte es que a todos nos alcanza la represión y todos la alimentamos. Cuando están martirizando a un homosexual, violando a una mujer, acabando con la autoestima de una lesbiana, nos están jodiendo la vida a todos. “En la medida en que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a varios grupos, estratos, minorías, mayorías sociales con mayor o menor poder y privilegios, podemos ejercer conductas de opresión, de control, de marginación o sufrir persecución, acoso, maltrato o agresión. Todos somos a la vez marginados y opresores. Y ese es el núcleo del poder y de la fuerza del sistema social de dominación de unas minorías por otras, de unas mayorías por otras, de unas minorías por otras mayorías. La marica misógina está alimentando el complejo entramado del poder represivo. El ecuatoriano homófobo está alimentando la bestia de la xenofobia. El nazi marica está alimentando la homofobia. Lo único que quiere el poder es que nos pisemos unos a otros el cuello por distintos motivos”. Así sigue siendo.

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