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Observatorio

Otra gran serie que tampoco verás

Mucho se ha hablado en el último mes de Ted Lasso. La serie, estrenada el año pasado, no tardó en conquistar los corazones de crítica y público gracias a algo de lo que andábamos escasos durante la pandemia: humor y buen rollo. Con el estreno de la segunda temporada la serie ha acaparado de nuevo titulares, tertulias radiofónicas, críticas de medios especializados, publicaciones en redes... ¿Qué tiene de especial este hombre de mediana edad, con bigote y gesto risueño?

Ted Lasso es un entrenador de fútbol americano que acepta una oferta para entrenar a un equipo de fútbol británico. Ocurre que él de fútbol (el de aquí) no tiene ni idea y no tarda en darse cuenta de que el nombre es lo único que comparten ambos deportes, lo que da lugar a infinidad de situaciones desternillantes derivadas del choque cultural y de la ingenuidad del propio personaje. Pero Ted Lasso, aunque lo parezca, no es tonto. Puede que sea una nulidad en lo deportivo pero sabe leer a las personas y sacar lo mejor de ellas. Esta deliciosa comedia va más allá del deporte. Habla sobre la confianza en uno mismo, el poder del optimismo y las cosas que nos unen por encima de las diferencias. El gran problema de Ted Lasso, para la mayoría de los espectadores, es que no está en Netflix ni en Prime Video ni en HBO ni en Filmin. Está en Apple TV+, otra aventura de la compañía de Cupertino. El Netflix de Apple es un servicio poco conocido por el público. De hecho la mayoría de los clientes de AppleTV+ lo han sido de rebote, gracias a la promoción que ofrecían hasta hace poco (regalaban un año de servicio por la compra de un dispositivo de la compañía). Las malas lenguas aseguran que muchos ni siquiera han hecho uso del servicio al desconocer por completo su existencia.

Que la prensa especializada recomiende Ted Lasso es lógico. Los periodistas pueden verlo prácticamente todo en el marco de su trabajo porque las compañías les dan acceso a las series antes del estreno. Es un mecanismo de promoción básico. Pero el espectador se encuentra en una posición distinta. Por muy encarecidamente que la recomienden, si la serie no está en la plataforma que tiene contratada o en aquella que comparte con otras personas, lo más probable es que la piratee o que, sencillamente, la ignore.

Cada vez es más complicado conseguir que alguien contrate una nueva plataforma solo por el impulso de un programa, sobre todo si se trata de servicios menos populares. En la mente del consumidor las decisiones de este tipo se realizan en base a un doble razonamiento: económico (quién me ofrece más al mejor precio) y de accesibilidad (inmediato, sin obligar a pasar por el proceso de darse de alta). Y ahí las veteranas juegan con ventaja.

Se ha hablado mucho de burbuja audiovisual pero no tanto de la burbuja de plataformas, todas con «la serie que no te puedes perder» bajo el brazo. Antes los contenidos estaban disponibles en canales dentro de un servicio de acceso universal (la televisión). Ahora las series están migrando hacia islas digitales, un paraíso de consumo bajo demanda y sin publicidad, pero que nos obliga a pagar peaje. Según el último barómetro de GECA, un estudio sobre los hábitos de consumo de los usuarios de servicios de streaming, dos es la media nacional de plataformas contratadas por hogar. Que en un territorio de larga tradición pirata como el nuestro se haya instaurado la cultura del pago por contenidos es una noticia extraordinaria. Pero dos plataformas por hogar dejan muchos buenos programas contenido fuera de la ecuación.

La oferta del streaming comienza a ser cara y abrumadora. El mazo del marketing no para de encumbrar series que están fuera de nuestro alcance con la esperanza de que nos subamos a bordo. Pero rara vez mordemos el anzuelo con un servicio tan pequeño. Las estadísticas dicen que los gigantes del sector son los peces grandes que se comen al pez pequeño. Y es una lástima. Porque las grandes perjudicadas son series como Ted Lasso, que realmente merece la pena.

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