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Esteban Santana

Por un Tamaraceite digno

Los barrios periféricos de nuestra ciudad han crecido considerablemente ante la falta de suelo en el centro urbano, sobre todo desde la segunda mitad del S. XX, y debido principalmente al abandono del sector primario. La economía mundial basada en el mercantilismo, teniendo especial y único interés en todo lo que se relaciona exclusivamente con la economía, hace que la vida en la ciudad sea un ir y venir de gente, reparto de mercancías, publicidad, tráfico, atascos… De todo este entramado surgen ciudades colapsadas y estresantes pensadas única y exclusivamente por y para la actividad económica y no mirando por el interés del ciudadano. En el caso canario, pensada por y para el turismo y olvidándose en muchísimas ocasiones de nosotros, los vecinos de a pie, esos que pagamos nuestros impuestos y contribuimos cada año para tener más y mejores servicios públicos. Esta política ha dado lugar a grandes barrios dormitorios, como Tamaraceite, que se han convertido en “ratoneras” sin pensar los que planifican o los políticos que están al servicio de las peticiones ciudadanas, que también se pueden usar y disfrutar de ellos. Barrios que carecen de los servicios mínimos y de infraestructuras adecuadas para que sus habitantes puedan sentirse arraigados en la zona.

Las ciudades de hoy en día son “ciudades escaparate”, pensadas más para quedar bien ante Europa y un claro ejemplo lo tenemos en la candidatura de Las Palmas de GC como Capital Europea de la cultura en 2031. Cito las declaraciones del Alcalde sobre lo que espera de esta nominación: “la oportunidad de impulsar acciones que, teniendo la cultura como eje, proyectarán sus réditos en los ámbitos de la economía, del empleo, de la creatividad, del avance en la innovación, del compromiso con la ciudad sostenible”. Palabras que quedan muy bien de cara a la galería cuando la realidad es que los barrios están sucios, hay calles sin asfaltar y sin aceras, muchos con centros de salud obsoletos, hay miles de personas que viven en infraviviendas y sobre todo, en lo relacionado con la cultura, barrios sin bibliotecas ni las infraestructuras mínimas para poder reunirse los colectivos y lo que es peor, sin una oferta cultural decente que pueda estar al alcance de la mano de los que no pueden desplazarse al centro a un teatro o a una exposición.

Tamaraceite es un claro ejemplo de lo que les estoy hablando. Un barrio que crece por días, que se transforma, pero donde solo se piensa en las viviendas, cambiar unas por otras, y en la posibilidad de obtener dinero para intercambiar con las grandes promotoras y multinacionales para obtener beneficios que después se invierten en no sabemos qué. No se planifica pensando en los vecinos que ya vivimos aquí, se hacen parques alejados de las viviendas que se están convirtiendo en zona de botellones y donde pasear a determinadas horas se hace hasta peligroso, mientras una de las demandas vecinales como es el Corredor Verde pasan los años y las corporaciones y “la casa sin barrer”.

Tamaraceite se está convirtiendo en los últimos quince años en la despensa de la ciudad pero a donde a los vecinos en la mayoría de las ocasiones no les va a tocar bocado. Se va a construir un centro de día para mayores y personas dependientes, pero ¿cuántas plazas serán para los mayores del barrio? Se va a comenzar con la construcción de dos campos de fútbol en La Suerte, pero... ¿Cuántos equipos de nuestro barrio hará uso de esas instalaciones? Con esto no quiero decir que esté en contra de la construcción de infraestructura social o deportiva, lo que sí que tenemos que analizar es que esas infraestructuras no van a mejorar cualitativamente la vida de nuestro barrio si no viene aparejada de otras medidas que hagan que la vida de nuestros vecinos sea más placentera. Tengamos en cuenta que no hace más de 20 o 30 años este era un barrio en donde la vida se hacía en la calle, en los estanques y fincas de los alrededores que poco a poco se han visto sustituidas por cemento y asfalto a lo que se le han sumado unos espacios verdes ridículos que son el hazmerreir de una ciudad del S XXI que se precie.

Continuamos esperando en Tamaraceite por el Parque Agroambiental de las Charcas de San Lorenzo, aunque si es por el poco interés que le han puesto, vemos claramente que no es una prioridad porque no necesita inversiones millonarias, ni va a dar dinero contante y sonante sobre la marcha. A cambio nos “ofrecen” parques en zonas que igual podrían haberlos dejado como estaban porque estaban llenos de palmeras y vegetación autóctona y los han convertido en espacios con toneladas de cemento y alguna cosa verde.

No obstante esta pasada semana escuchábamos que el área de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria duplicará la superficie que estaba recogida en el planeamiento inicial del año 2014 del parque urbano que se construirá junto al barrio de La Suerte y que tendrá 32.000 metros cuadrados. Esto según dicen va a ir aparejado a una modificación del Plan General de Ordenación (PGO) de Las Palmas de Gran Canaria en el ámbito del Plan Parcial de Tamaraceite Sur (UZO-04), que ya tiene dictamen favorable de la Comisión de Pleno de Desarrollo Sostenible que pretende un diseño urbano en el que predominen los espacios verdes, las infraestructuras sociales y deportivas y se reduzca la concentración de edificios, según palabras del propio concejal de Urbanismo. Esperemos que esto no tenga trampa porque ya estamos cansados de promesas incumplidas y al final “donde dije digo digo Diego”.

Y perdonen nuestra incredulidad porque hace veinte años que se realizó la última actuación “importante” en el Casco Histórico de Tamaraceite, el ensanche de aceras de la carretera General, y mientras el resto continúa abandonado de la mano de Dios. El Corredor Verde otra de las propuestas históricas y han pasado varias corporaciones y sólo se ha realizado la primera fase y está en estado de abandono, y si no den una vuelta por allí. ¿Y del Plan de Rehabilitación del casco Histórico? Nadie sabe nada. Pensemos más en los contribuyentes y menos en el interés de unos pocos, en proyectos que favorezcan la habitabilidad del vecindario y no el interés de inmobiliarias y particulares. Y con esto no quiero decir, vuelvo y repito, que Tamaraceite no se transforme, porque al final es ley de vida, pero sí que se planifique pensando en que podamos vivir los vecinos un poco mejor.

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