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Manuel Ángel Santana Turégano

De la República de Platón al Gobierno de Canarias

La semana pasada surgió una polémica importante en los medios acerca de la publicación por parte de la Consejería de Presidencia del Gobierno de Canarias de los pliegos para contratar unos sondeos de opinión. La oposición se quejaba de que se estaba malgastando el dinero público, pues hace poco se contrató, por la parte del gobierno que depende de Nueva Canarias, la realización de un socio- barómetro. ¿Es que los socios de gobierno no se fían unos de otros y por ello están gastando dos veces el dinero público en lo mismo? Tras consultar los pliegos diría que el problema no es el gasto de dinero, sino las premisas teórico- metodológicas desde las que se va a gastar ese dinero.

¿A alguien le parecería que gastarse 100.000 euros sería demasiado si con ello pudiéramos tener la seguridad de que el Gobierno va a tomar las decisiones correctas? Pues de eso es de lo que se está hablando. El socio- barómetro del Gobierno de Canarias, que es muy similar a otros que se hacen por todo el mundo, constituye uno de los ejemplos típicos del trabajo que tradicionalmente han realizado los sociólogos en la asesoría política. La labor de los buenos estudios sociológicos es informar a los políticos de “lo que piensa la gente”. Y la de los políticos la de tomar las decisiones que creen convenientes a partir de ese conocimiento. Sin embargo, el estudio que ahora ha salido a licitación, encargado por un economista, tiene como objetivo la creación de un ‘cuadro de mandos’ para la realización de la política social y económica en Canarias. El cuadro de mandos es una herramienta de la Planificación Estratégica, disciplina que se enseña en las facultades de Economía y Administración de Empresas que, con la explosión de lo que se ha dado en llamar ‘Inteligencia de Negocios’ (Business Intelligence) parecen hacer posible la utopía política de Platón. Recordemos que la República de Platón debía estar gobernada por un ‘rey filósofo’ (hoy sería un rey economista) que tendría tanto conocimiento que no tomaría decisiones, sino que tan sólo realizaría elecciones. Sin embargo, Aristóteles no estaba de acuerdo con su maestro, y pensaba que los políticos lo que tenían que hacer era tomar decisiones, palabra que viene del latín decisio: acción de resolver, lo que hay que hacer cuando el saber no es suficiente.

Si algo hemos aprendido en estos años de pandemia es que los políticos no son sólo técnicos que eligen entre opciones de las que se sabe todas sus consecuencias, sino que han de tomar decisiones aun cuando el saber no es suficiente. Vale la pena leerse los pliegos del contrato anteriormente aludido: el objetivo del Gobierno es crear un cuadro de mandos que permita basar la política económica y social en una serie de indicadores. No sé, se me ocurre que puede ser algo del tipo: “si el paro sube un 5% en un trimestre, rebaje usted el tipo medio del IGIC y eleve las ayudas del REA”. La filosofía tecnocrática que está detrás de instrumentos como el ‘cuadro de mandos’ convierte a los políticos en meros ejecutores de políticas que se deducen de lo que en un determinado momento se da por válido en la teoría económica. Desde hace ya más de 30 años, a partir de lo que se dio por llamar el Consenso de Washington la teoría económica liberal ha estado en la base de las políticas aplicadas por casi todos los gobiernos. El resultado: crisis ecológica, que no es ajena a la pandemia, polarización e incremento de la desigualdad social.

Aunque el gobierno se gaste 100.000 euros en un ‘cuadro de mandos’ no por ello va a elaborar mejores políticas. Porque como la propia polémica que se ha generado nos debería hacer recordar, en política lo de ‘mejor’ es siempre una cuestión subjetiva. La política debería de ser el arte, por más que ahora lo quieran vestir de ciencia, de conciliar lo que unos grupos y otros consideran mejor para llegar a acuerdos. Aunque, ciertamente, gastarse 100.00 euros puede servir para algo: para legitimar las políticas que se quieren aplicar. No es lo mismo decir, por ejemplo, que hay que incrementar las ayudas al REA porque eso beneficia a los importadores que decir que «un estudio (financiado quizá por los importadores) demuestra que incrementar las ayudas al REA es lo mejor que se puede hacer para mejorar la economía canaria».

A diferencia de los que pretenden vestirse de ‘objetivos’ usando términos complejos yo no soy imparcial. Como sociólogo, preferiría que el gobierno encargara a los sociólogos el tipo de estudios que siempre han hecho. Que los economistas hagan los estudios que siempre han hecho. Y que los gobiernos no nos pretendan hacer creer que debemos de aceptar sus políticas porque están sustentadas en los estudios de los economistas, de algunos economistas, que parte de unos supuestos que rara vez se hacen explícitos. Yo reconozco que, al menos en estas cuestiones, me considero más aristotélico que platónico. Aunque quizá sea por mi amor platónico por la democracia, pienso que si el gobierno quiere gastarse 100.000 euros para formular ‘mejores’ políticas sería mejor gastarlos en el desarrollo de mecanismos participativos que no en instrumentos tecnocráticos.

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