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Pilar Garcés

El desliz

Pilar Garcés

El opio espiritual

La semana pasada, la Policía Nacional tuvo que socorrer a un padre que estaba siendo agredido por su hijo de 18 años. El chaval se disponía a salir para ir a casa de un amigo a las once de la noche para jugar a videojuegos y su progenitor le dijo que ni hablar a esas horas. Ahí empezó la lluvia de patadas y golpes que acabó con la intervención policial, la detención y una denuncia de malos tratos en el ámbito familiar para un chico que, según sus allegados, está completamente enganchado a los videojuegos hasta el punto de volverse agresivo si se le impide acceder a las máquinas. En plan ejemplificador se lo conté a mi hija, que a su tierna edad no concibe una maldad superior que la de pegar a un padre, pero al mismo tiempo empieza a alcanzar niveles preocupantes de melodrama cuando se le requisa la pantalla. Me recrimina que yo también me leo los periódicos en el teléfono, y que me comunico continuamente por wasap, «incluso con tus dos móviles a la vez». Me acusa de convertirla en una paria porque sus amiguitos tienen este juego, o este otro, y ella no. Me dice que va a mirar en la aplicación el tiempo que hace y me la encuentro echando «una partida, la última te lo juro, mami». Después de buscar recomendaciones en foros de internet, he acabado por instaurar un horario semanal de uso para lograr una paz duradera en nuestro hogar y lo he colgado en la cocina. Sin saberlo me he convertido en una versión doméstica de una gran y pujante dictadura.

El gobierno de China acaba de anunciar que prohibirá a los menores dedicar más de tres horas semanales a los videojuegos, pues considera un problema social la dependencia que generan en la juventud. Medios estatales del gigante comunista los ha calificado de «opio espiritual» para las futuras generaciones, y un portavoz gubernamental ha argumentado al respecto que «los adolescentes son el futuro de nuestra patria. Proteger la salud física y mental de los menores es una de las prioridades vitales de nuestro pueblo». De esta manera, las empresas de videojuegos por internet tendrán que encargarse que de que los chicos solo puedan acceder a ellos entre las 8 y las nueve de la noche los viernes, sábados y domingos, y los festivos. Tendrán que dotarse de los medios necesarios para verificar la edad de sus usuarios, so pena de grandes multas, y asegurarse de que no emplean identidades falsas para saltarse la ley. Desde 2019, los niños y adolescentes chinos ya tenían restringido el tiempo que podían dedicar a los juegos de ordenador (hora y media al día y tres en vacaciones), pero a la vista de los consumos disparados y de los problemas graves de adicción sobre todo tras la pandemia, las autoridades han decidido recrudecer una guerra que también incluyó hace tres años la reducción drástica del tiempo dedicado en las aulas a actividades con pantallas, y las tareas encargadas en este soporte.

He escuchado a expertos en nuevas tecnologías asegurar que por estos lares jamás se tomarían medidas extremas como estas, que además suelen resultar contraproducentes, y optan por la responsabilidad parental y la autorregulación, que es una forma como otra cualquiera de eludir el debate y traspasar el problema. El botón de encendido siempre tiene mejor fama que el de apagado, que se lo digan a los padres cuyos hijos se pasan media noche en vela jugando y luego no dan pie con bola. Y a los que acaban llamado a la policía.

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