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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Prosa poética

La única vez que he hablado con el presidente Ángel Víctor Torres me aseguró, en un tono muy cordial --jamás abandona la cortesía – que detestaba a los pelotas. No se lo discuto, pero ya decía Jacinto Benavente que muchos hombres no se tragan los elogios y ditirambos, pero todos los saborean. Alguien le debe haber dicho al señor presidente que es un orador estupendo que siempre sabe llegar, sencillamente, al corazón de los oyentes, pero me temo que se trata de una calificación harto discutible. Como prolegómenos a sus discursos, Torres suele apuntar un esquema, escribe algunos nombres y tira para adelante, fiándose de su inspiración. Más o menos lo que hizo en el discurso con el que cerró la reunión del comité de los socialistas canarios – máximo órgano entre congresos del PSC-PSOE – y anunció su disposición a repetir como secretario general.

La sencillez retórica no tiene nada que ver con los parlamentos deshilachados, y esto último, una desordenada y opaca invocación al futuro, es lo que ofreció Torres al núcleo duro de su organización política, que como es de rigor lo aplaudió mucho. Pero me es imposible recordar una sola propuesta sustancial, un solo análisis dotado de una mínima complejidad, un horizonte programático para la próxima década. Absolutamente nada, salvo vagas generalidades, suspiros de satisfacción y las dosis justas de patriotismo de partido, insistiendo mucho en que al PSOE nadie le daba lecciones de esto, de aquello o de lo de más allá, lecciones, ninguna y ni por asomo. Como profesor –aunque no estuvo muchos años en el aula – Torres debería saber que quienes rechazan cualquier lección solo les cabe administrar una peligrosa ignorancia. El PSOE quiere gobernar Canarias para convertirla en una tierra más próspera y más justa y chimpón. “Nos dejaron un 20% de desempleo”, espetó por ejemplo, “y esa es la herencia que debemos superar”. Es lo de siempre: negar responsabilidades por parte del PSC-PSOE aunque ha cogobernado en el ejecutivo regional y en cabildos y ayuntamientos, negar los efectos aniquilantes de la crisis de 2008 (en 2007 la tasa de paro no superaba el 10%) y tachar de victimista al que se atreva a exigir el cumplimiento de la legalidad (REF, convenios, traspasos competenciales) si quien gobierna España en ese momento es el PSOE. Si es el PP, en cambio, corresponde patalear hasta el delirio. “Los socialistas queremos gobernar canarias hasta el 2030”, confesó Torres en un momento Frank Underwood, “y lo vamos a conseguir”. Lo que proyectó el comité regional es lo que proyectan todos los congresos y convenciones políticas desde hace años, si no lustros: una coreografía propagandística que solo interesa a los allí presentes y a sus familiares más directos.

Peor es cuando el presidente opta por la prosa poética. Es lo que ocurrió ayer domingo, al producirse finalmente la erupción volcánica prevista en La Palma, concretamente en la zona de Las Manchas, en el municipio de El Paso. Un florilegio de lindezas en las que Torres pareció emplearse a fondo, empezando por una frase que exige mármol: “Esta erupción demuestra que la tierra en Canarias está viva”. Pero, ¿qué diablos quiere decir eso? ¿Cómo está viva la tierra? Cuando no hay terremotos ni erupciones, ¿la tierra está muerta? ¿Dormida? ¿Se ha echado la siesta o ha ido por tabaco? Otra: “La mejor noticia es que ha ocurrido en una zona que no está poblada”. Toda la isla de La Palma está poblada, salvo la Caldera de Taburiente, con una densidad media de 115 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero si en las imágenes de televisión pueden verse casas de labor y fincas a algunos cientos de metros de distancia. Otra más: “Pido prudencia a la población y que se abstenga de intervenir; ya habrá tiempo de disfrutar (sic) de este acontecimiento histórico”. Y mucho más sicalípticamente: “Lo que está manifestando la naturaleza es su belleza interior, esa desconocida que está en el subsuelo (sic)”. Esta sarta de guanajadas, por supuesto, tenía que coronarse con una proclama decididamente chiflada: “Hoy Canarias es el centro del mundo”.

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