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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

El pavo relleno de turistas hasta arriba

Dentro de cinco años, o a lo mejor dentro de muchos menos, la colada dañina puede ser el complemento ideal acompañada de unas plantas suculentas para mostrar la parte infernal de la naturaleza. Un poder dominado que devendría en atractivo turístico, como bien dice la ministra Reyes Maroto en su papel de responsable de Turismo.

Hay que tener mucho cuidado para no enfangarse a la hora en que miles de personas han visto colapsar sus proyectos de vida por la erupción del volcán palmero. Lo mejor en momentos dramáticos o decisivos es mantener un silencio respetuoso antes de ponerse a decir frivolidades, o a escrutar futuribles que no vienen al caso y que serán recibidos con jolgorio cuando Cabeza de Vaca deje de rugir. Hablar de «espectáculo maravilloso» o de «reclamo turístico» con unas coladas a 1.000 grados de temperatura parece, más bien, un ejercicio de perversidad extrema en un escenario donde todo huele a chamuscado: biografías y pertenencias. Reyes Maroto, una vez proferido su himno triunfal, rectificó y vino a decir que ahora tocaba pensar en las personas. No me extraña nada la fugaz reacción bajo el prisma de la rentabilidad de la ministra, porque en Madrid -con el PSOE y el PP- siempre han creído que Canarias está saciada si revienta su caja registradora con el turismo. La Palma, por fortuna, ha sido una isla que no ha recibido el embate urbanizador de otros territorios insulares, cuyos paisajes han sido exterminados o modificados irremediablemente. Allí, por suerte, no impera la masificación ni la invasión de los hoteles temáticos, ni tampoco el punto y final de modelos de vida cubiertos de hormigón. Lo peor que le podría pasar a La Palma sería precisamente contagiarse de ese afán turístico que podría poner en un aprieto su singularidad. La Isla ya era un espectáculo antes del volcán y un reclamo turístico dentro de un crecimiento moderado. La ministra ha pecado de insensible con los palmeros, pero también de incapacidad intelectual: incide en esa impresión de pavo relleno hasta los topes de turistas.

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