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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Una crisis anunciada, pese a todo

Amedida que se repiten una y otras vez la imágenes de personas corriendo de un lado a otro para coger enseres, documentos y ropas de sus casas a toda velocidad, uno se pregunta si en La Palma había un protocolo de evacuación acorde con la erupción que se avecinaba o sólo se le pidió a los habitantes que se llevaran a sus casas mudas para unos días. Las catástrofes naturales imprevistas, como tales, provocan hecatombes materiales y pérdidas humanas irreparables. Pero no es el caso de la Isla Bonita, donde informes emitidos en enero (Instituto de Geociencia, CSIC y Universidad Complutense) advertían de que en Cabeza de Vaca se fraguaba una acumulación de magma, que con toda probabilidad culminaría en una erupción volcánica. ¿Conocía el Pevolca (Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias) la opinión de estos científicos? ¿Fue trasladada en tiempo y forma a las autoridades locales palmeras? Nos encontramos, por tanto, no ante el imponderable, algo que sucede de manera inesperada e inevitable con consecuencias que no se pueden conocer o precisar. Cierto es que no se puede definir el lugar exacto del fenómeno, pero ya los satélites habían detectado un área de abombamiento de la superficie terrestre. Estaba meridianamente claro que se gestaba una relevante crisis volcánica en La Palma, a la que había que responder con medidas excepcionales, que, como es obvio, tienen su coste político, o al menos cuesta tomarlas, más en una situación regida por las restricciones de la pandemia y con el sector turístico lastrado. Nada más que hay que ver las imágenes -repetidas hasta la saciedad- de personas que entran a la carrera en su viviendas para sacar todo lo que pueden y meterlo en camionetas: una desesperación humillante para los propios afectados. Es evidente que el operativo político y técnico realiza un esfuerzo descomunal para atender las necesidades, nadie lo discute. Pero a la vista está -sobre todo para los vecinos- que se erró en la dimensión de la catástrofe de una crisis anunciada, pese a todo.

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