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Carmen Martínez-Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Guerra civil

Llega un prócer de la izquierda más vetusta, suelta ¡oligopolio!, se le llena la boca y exultan sus huestes de gozo, con odio redivivo y renovado al ricachón aquel de los panfletos decimonónicos, puro en la boca, panzudo y maquiavélico. Como si tal cosa. Se revuelve la derecha, responde ¡izquierda caviar e hipócrita! y se regocija su porción más harta, impaciente o asustada. El reduccionismo verbal mantiene las espadas en alto, sin análisis ni medias tintas, que dudar, matizar o reflexionar es traicionar y los sectarios saben que, azuzando a unos contra otros, esas pretendidas dos Españas, cada vez más enfrentadas y cada vez más incapaces de entenderse, saldrán ellos ganando. Los clichés ofensivos triunfan y unos se emperran en la foto de Colón y el Madrid de los berberechos mientras los otros se apuntalan en el gobierno sociocomunista e ilegítimo. Al enemigo, ni agua, hasta el punto de que leo en ABC que el PSOE pretende, por castigar la falta de patriotismo popular, vengarse a su vez, oponiéndose a que un español del PP sea presidente de la Eurocámara. Ellos sabrán por qué, que si eso se confirma, yo digo que es irresponsable y malvado proyectar las rencillas internas en Europa y replicar esa cara de perro que se les está quedando y que nos están contagiando.

Luego están los del mismo bando, que escrachean a la ministra que no les ha salido lo suficientemente roja y no tiene derecho a llamarse comunista porque no hace lo que ellos quieren, como los cuperos imponen a palos en Cataluña el odio a España. Por el otro lado, los defensores de todas las esencias patrias, que han pasado de llamar maricomplejines a Casado a tildarlo de vil y que, a este paso, entendiendo que nunca se es suficientemente de derechas, acabarán por impedir la victoria de la misma a fuerza de alimentar las ambiciones personales de los líderes o lideresas, tan brillantitos ellos.

Dice Paul Auster, a raíz de la publicación de su último libro, La llama inmortal de Stephen Crane, que los EEUU aún siguen luchando en la guerra civil. Va a resultar que España también.

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