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José A. Luján

Piedra lunar

José A. Luján

El compromiso de Miguel Medina Cabrera

En la dualidad de ocupación del territorio, manifestada en los espacios rural / urbano, desde los años sesenta del siglo pasado el desarrollismo tira de la población del campo. En una pincelada, podemos simplificar que la España interior, sustentada en una economía agraria de subsistencia, inicia una progresiva crisis demográfica. Las entonces provincias castellanas trasladan a su población joven a los polos industriales del País Vasco y Barcelona, y al entorno de las ciudades que inician un proceso de crecimiento. La economía campesina es escasamente atractiva. Trabajos de enero a enero y de sol a sol. Nadie desea permanecer en ámbitos poco halagüeños y, sobre todo, cuando los que se han marchado llegan al pueblo por la época estival y cantan las maravillas de la urbe; cine, televisión, cafeterías, relaciones amorosas, comercios. Muchos se marchan a Alemania, fenómeno que genera una amplia producción simbólica en películas y canciones, referenciada en la emigración.

En las islas, desde los siglos precedentes y, sobre todo, a lo largo del XIX, se produce el fenómeno migratorio, teniendo como destino el Caribe, Cuba y Venezuela (la llamada octava isla) como países receptores. En Canarias, el desarrollismo ocurrido a partir de 1960 viene amparado con la creación del sector turístico; que prevalece frente a la ocupación de la mano de obra en el sector de la aparcería dedicada a productos de exportación, como el tomate y, en su caso, el plátano. Se produce una progresiva migración, de los pueblos del interior hacia las zonas costeras. El contraste de estilos humanos pronto salta a la vista.

Con el paso de los años, el despoblamiento renueva conceptos en la Geografía Humana. En la península, de la mano del novelista Sergio del Molino, triunfa la expresión «La España vacía» que se generaliza e implica la mención a pueblos totalmente abandonados. Y para intentar corregir ese déficit, la retórica política en algunos pueblos de Canarias, que se pega a su discurso, sin elaborar proyectos previos al respecto, pone en circulación el concepto «fijar la población», pero sin hacer ninguna referencia al tipo de pegamento que se usaría para convertirlo en realidad. Así se queda muy bien y, sin propuestas ni soluciones, se salta a otro escaño. Y a otra cosa, mariposa.

En las cumbres de la isla existen motivos suficientes para que políticos y empresarios desarrollen sus capacidades para incentivar el entorno. Sin duda, hay ejemplos como el de Miguel Medina Cabrera (1960-2021), recientemente fallecido, que decidió establecerse en las cumbres, junto a su mujer, la tejedora y artesana Jennifer Cabrera Guerra.

Nacido en el barrio de El Carrizal de Tejeda, en una primera etapa de su vida desarrolla tareas agrícolas en su ámbito familiar, impregnándose del ambiente del barrio y aprendiendo valores colectivos. Su afán de conocimiento lo lleva a conocer diversos pueblos de las islas y a viajar por la península y algunos países europeos. Tras esta amplia etapa de formación profesional en la ciudad de Las Palmas, decide establecerse en Artenara donde reinicia el contacto con un grupo de jóvenes trabajadores del referido municipio y de Tejeda, quienes crean la «Sociedad Anónima Laboral Tearsal». Esta sociedad se especializa en la construcción de obras en piedra, además de otras actividades constructivas.

Este año, dos semanas antes de fallecer, pronuncia el pregón de las Fiestas de La Cuevita, en el que realiza un panorama realista de su trayectoria vital que tiene una proyección en este municipio. Sus tareas se manifiestan en la construcción de áreas de ocio en el pinar de Tamadaba; participación en actividades deportivas; impulso a proyectos vinculados con el Patrimonio Mundial de la Humanidad; desarrollo de talleres de pedrería, o la apuesta por el desarrollo del sector primario. Siempre consideró que la sabiduría popular forma parte de la formación y conocimiento de distintas profesiones.

En esta pincelada socio-biográfica de una persona entrañable y apreciada, queremos dejar constancia de que las comunidades se integran en torno a personas que mantienen un intangible sentimiento y compromiso con la tierra y sus gentes.

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