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Punto de vista

Las muy putas

Cuántas veces hemos oído que si esas mujeres se prostituyen es porque quieren. Porque ganan mucho más dinero que cualquiera en poco tiempo. Y de forma muy fácil, no hace falta estudiar, sólo abrir las piernas o lo que pida el fulano que las use. Que si no les gustara, lo dejarían. Que hay que legalizar la prostitución «como un trabajo cualquiera». Que coticen a la Seguridad Social, que tengan sus «derechos». Que la prostitución es una cuestión de «libertad», y que prohibirla es «coartar la libertad» (de los puteros, les falta especificar). Archimanidos argumentos de barra de bar que ignoran la brutalidad de las redes de trata de mujeres para esclavizarlas, y que me provocan preguntas que siempre quedan sin respuesta, porque «no es lo mismo»: ¿Si tu hermana, pareja, madre, tía, prima, amiga, se dedicara a la prostitución, qué pensarías? ¿Que es una elección libre, que le gusta, que es una profesión como otra cualquiera, que qué tiene de malo ser usada por tipos que buscan un objeto sexual para hacer con él lo que les dé la gana, porque para eso pagan? Es más fácil entender la realidad si conseguimos acercarnos a ella y ponerle un rostro y un nombre. Pero nuestra visión distorsionada por la misoginia nos induce a pensar que las que se prostituyen son otro tipo de mujeres, que no sienten ni sufren, no tienen hijos ni amigos ni parejas ni familia que se preocupen por ellas. Que disfrutan, las muy putas, y además se forran. La prostitución debe ser abolida porque es una violación de los derechos humanos. Ante este hecho incuestionable, no hay argumentos para defenderla.

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