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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Agua

Sin duda una de las icónicas secuencias que nos suele infligir el séptimo arte es la del protagonista que tras infructuosos sondeos petrolíferos consigue pinchar un pozo que le premia con un surtidor de un asqueroso y espeso líquido negro en el que se ducha alborozado, llegando en ocasiones hasta retozar en el mismo.

Como contraste a tal cochinada, quisiera hablar de una circunstancia parecida, ésta en la minería del agua, que se vive en este archipiélago con idéntica pasión y con similar euforia en el momento en que de la tierra brota el agua, que para el pocero canario supone similar promesa de vida y riqueza que para el prospector de Texas.

Y voy a tomarme la libertad de identificarme con la experiencia del cineasta en una vivencia comparable, hace ya muchos años. Tras parecidas vicisitudes a las del petrolero tejano y habiendo participado en la construcción de un pozo a la canaria, o sea no utilizando un tubo de acero con torre de perforación, sino mediante un agujero de 50 m de profundidad de 3m de diámetro. Dicho ancho es para facilitar bajar la maquinaria, y permitir así la subsiguiente perforación, en este caso de una galería orientada hacia el risco de 150m de fondo. De cuyo fondo y laterales manaba un agua que terminó inundando la galería, hasta una altura de metro y medio en la boca. Mediante una pequeña represa en el arranque de la galería se pro- pició un embalse de 150 m de fondo. Con una ristra de bombillos colgando del techo de la galería, cual iluminación verbenera, se nos ofrecía una inmensa y tentadora piscina de 150m x 1m de ancho. Y no me resistí: a la primera ocasión me desnudé y me sumergí en la misma, con no menos intensa vivencia que la del petrolero, si bien sin el menor reparo en beber de un agua de manantial, fría y pura, nacida del generoso cáliz de la montaña.

La extracción de agua subterránea en Canarias es una de las señas de identidad del archipié- lago y los profundos conocimientos de dichas técnicas son envidiados por otros países e importados en no pocos casos gracias al asesoramiento de especialistas canarios.

Y afortunadamente, la reposición pluviométrica de las islas es abundante, y con la salvedad de Lanzarote o Fuerteventura, capaz de reponer la práctica totalidad de la demanda insular, tanto urbana como agrícola. Y si tenemos en cuenta, hablando en términos sencillos, que «el agua que no se gasta se pierde en el mar» debe considerarse la captación de los recursos hídricos disponibles como un deber cívico inexcusable.

Y por esa razón quisiera llamar la atención sobre un fenómeno reciente: la feroz agresividad del lobby de las desaladoras, que por todos los medios tratan de vender su producto, ape- lando a la garantía de un suministro independiente de la meteorología, pero obviando todas las contraindicaciones del sistema: vertido de salmuera contaminando el mar, gasto de energía para la desalación, en muchos casos con combustibles fósiles, y nuevo gasto energético para la elevación del agua desde el mar hasta las cotas de suministro.

No es éste un foro técnico para profundizar en el tema de la innecesaria imposición de la desalación en el futuro de las islas. A título de llamada de alarma en este sentido, me remito a los 7 planes hidrológicos, ya en información pública, para los próximos trienios.

ALGUNOS DAN MIEDO

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