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José A. Luján

Piedra lunar

José A. Luján

Diego Godoy, el forestal y Las Peñas

Hasta mediados del siglo pasado, los pueblos de la isla están arraigados a un territorio específico, con una población estable que vive las limitaciones de la economía de subsistencia. La intercomunicación de los caseríos se realiza a través de los caminos reales y la ruralidad se impone en todos los aspectos. Pueblos pequeños y villas medianas ofrecen una estructura social interna que marca una identidad peculiar. Cada pueblo vive con un ritmo propio y el dinamismo poblacional es tan escaso que linda con la endogamia. Los habitantes se mantienen en el territorio al igual que los conejos se sitian en madrigueras muy concretas y laderas donde logran la comida casi sin moverse del lugar.

Hay pueblos de la isla en los que, sin precisión matemática, se acumulan apellidos que comparten familiaridad: Yánez (Teror); Arencibia (Firgas); Rivero (Valleseco); Luján (Artenara); Moreno (Guía); Bolaños (Gáldar); Araña (Tirajana). Y en un mismo municipio se aglutinan por barrios: Alonso (Acusa); Cabrera (Las Hoyas); Medina y Díaz (Las Cuevas); Sánchez y González (Las Arvejas).

En el barrio de Las Peñas (Artenara) se concentran los Godoy, apellido proveniente de Agaete, que trajo el patriarca José Godoy, quien casó con Blasina García. El motivo de este asentamiento se basa en las herencias de tierras, y el progenitor, a medida que la familia crece, da un solar a sus hijos donde construyen su vivienda. En un par de décadas se forma un barrio que adquiere entidad propia. Su propiedad abarca desde Barranco Hondo, en el límite entre Gáldar y Artenara y se extiende hacia la Cumbre por la montaña de El Tión; barranco de Los Arroyos, vertientes de la Montaña de la Mora y la Hoya del Fraile, hasta alcanzar la Cueva de los Candiles, que contiene tanta magia en el ámbito arqueológico, al ser cobijo de una numerosa concentración de triángulos púbicos, como símbolo de la fecundación.

En estas altas cumbres, la familia Godoy, hijos de José y de Manuel, desarrollan tareas propias de la economía agropecuaria. Su estilo respetuoso los lleva a tener representación en el Ayuntamiento. Los muchachos asisten a la escuela del barrio galdense de El Tablado. Uno de sus hijos, Diego, después de dejar la escuela, y de ocuparse algún tiempo en la agricultura, tras salir del cuartel empieza a trabajar en el ámbito forestal, siendo el primero de las nuevas promociones de guardas forestales cuando comienza la repoblación forestal del casquete central de Gran Canaria. Diego era hijo de Manuel y de Albertina, nacido en 1943 en Las Peñas, donde se crio junto con su hermano Alfonso. Tras contraer matrimonio con Isabel Mendoza, nace su primer y único hijo, Francisco Manuel, fallecido hace dos años.

Toda su vida profesional la dedica al Medio Ambiente donde ejerce de sobreguarda, denominación que se le da entonces a los jefes más inmediatos de los guardas forestales en el antiguo ICONA, siendo responsable de la Comarca Forestal nº1 que abarca desde la Cumbre Central hasta Tamadaba. Con la integración del ICONA en el Servicio de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, Diego pasa a realizar tareas como Inspector. Por sus servicios durante casi 40 años, el ayuntamiento de Artenara le otorga en 1999 el pino canario de oro y la insignia de oro del municipio.

En la década de los 70, reside durante algunos años en la casa forestal de las Mesas de Ana López, en plena cumbre de la isla, pero la mayor parte de su vida la pasa a caballo entre Las Peñas y Arucas. Las Peñas es lugar de tránsito atravesado por el camino que conduce al Tablado y Juncalillo. En su demarcación, junto al barranco, se encuentran las ruinas del «Molino de Juan Mercedes» conocido posteriormente como «Molino de Pinito», un molino de agua cuyas piedras son movidas por las escorrentías del barranco de El Culatón, Allí molturan el grano los vecinos de El Tablado, Las Arvejas, Las Cuevas y del núcleo de Artenara, antes de que José Jorge Ramos instalara en 1958 un molino a motor en el propio casco del pueblo. Este bien etnográfico podría ser restaurado, en el marco de las Montañas Sagradas de Gran Canaria.

Otro resto etnográfico inserto en el propio ámbito territorial y llamado a su restauración es un horno de cal situado en la ladera de La Hoyeta. Allí se cocían tejas, ladrillos y piedras de cal para la construcción. En Las Peñas radica Manuel Pulido y familia de tocadores de guitarra que propagan su música y canciones en fiestas y parrandas. Con su arte se identifica el espíritu del barrio.

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