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Reflexión

¿Y para cuando una renovación real del Partido Popular de Canarias?

Son muchos los afiliados, simpatizantes y votantes del Partido Popular los que han venido esperando una renovación de la cúpula de Canarias, distanciada de la sociedad, con falta de capacidad estratégica y cada vez más reducida en número de personas con perfil político y cualificación acreditada, toda vez que se han ido desprendiendo, poco a poco, de los mejores activos políticos con profesión reconocida que tenía. Si bien, lo peor es que no se ha hecho, interesadamente, ningún esfuerzo por captar nuevos perfiles que sean capaces de volver a ilusionar a los votantes de derecha que, paulatinamente, se han ido distanciando del Partido Popular.

Sin embargo, da la impresión de que nada de esto se toma en consideración, pues, finalmente, todo se decide a nivel nacional, cuyo único filtro de información parece ser el de los propios dirigentes en activo, que mayormente velan por sus propios intereses, antes que por los de la sociedad e, incluso, los de los propios afiliados, que han visto cómo en Canarias el Partido Popular, con una cada vez menguante representación en las instituciones públicas, ha dejado de tener peso político, presencia mediática y una falta de iniciativa y de planificación estratégica fuera de lo común, lo que ha contribuido a más, si cabe, al fraccionamiento del voto de derecha.

Ahora, parece que resulta más interesante atraer a los políticos de Ciudadanos -un Partido en aparente disolución y nutrido en su origen, en parte, con afiliados del Partido Popular- que a los propios afiliados y votantes tradicionales del Partido Popular, entre ellos aquellos que durante un tiempo desviaron su voto a otros, por no encontrar cobijo en un decrépito y agónico Partido. Un Partido que ha sido indolente con la fuga de afiliados, con la fuga de votos y, con lo que es aún más sangrante, la fuga de talentos. Sus dirigentes han estado más ocupados en apartar a aquellos que les pudieran hacer sombra, que en hacer una labor de cercanía con los ciudadanos, con iniciativas ilusionantes y nuevas caras o no tan nuevas, pero cualificadas y más creíbles.

Los políticos de hoy se empeñan en renegar de la historia e incluso se atreven a reescribirla. Tratan de borrar un pasado escrito por hombres y mujeres, que por su condición de humanos, han tenido luces y sombras. Pero curiosamente se tiende a dar más valor a las sombras que a las luces -que las hay y muchas-, para poder articular un falso liderazgo, desligado de sus antecesores, que tuvieron un mayor peso político y cualificación y, además, ostentaron unas cuotas de poder muy superiores a las que pudieran alcanzar en la actualidad.

Hoy en día el liderazgo se logra rodeándose de personas que no disientan, que piensen poco y que sigan el dictado marcado sin posibles críticas. En suma, políticos sin formación, ni profesión reconocida, aun cuando eso no sea lo que esté esperando el conjunto de la sociedad. El resultado evidente es que en el panorama político vigente no están los mejores, a los que además se les desprecia y aparta. Yo recuerdo una época, no tan lejana, en la que al líder se le respetaba por ser quien era y éste, a su vez, se sabía rodear de personas capaces e incluso críticas, pues sólo a través de ellas se contrastan pareceres y se enriquece el discurso político, e incluso, coadyuvan a reconducir actuaciones erráticas.

Se nos anuncia que en el Partido Popular de Canarias se va a producir un relevo en la presidencia, como si esto fuera a producir un cambio sustancial sobre lo que actualmente existe. La realidad es que lo que va quedando en la estructura del Partido Popular en Canarias son en su mayoría los naturales herederos elegidos por la presidencia supuestamente saliente. Los que han contribuido, salvo honrosas excepciones, a que el Partido se haya convertido en un quítate tu para ponerme yo, en el que no se da cabida al conjunto de afiliados que han contribuido a su subsistencia como tal, salvo que sean los afines. En estos dirigentes, en la preocupación de la subsistencia particular, ha primado más el interés personal que el del conjunto, dejando, por ello, de lado las estructuras territoriales, cediendo con ello posiciones a otros Partidos, entre ellos Vox u otros marginales que consiguen votos a costa del Partido Popular.

La renovación real parece que seguirá sin llegar. Hay quien esgrime que aquellos que valen no quieren estar en política y no les niego razón. Sin embargo, pienso que esto es solo en parte verdad, pues, el trasfondo de la cuestión es que al que está no le interesa irse y al que le gustaría participar en la política a través del Partido Popular no se ilusiona con lo que ve.

Madrid está fuera de la realidad Canaria, si no hay cambio de personas y de discurso no habrá cambio en el Partido Popular. Hay que recuperar al Partido Popular cuya sede estaba llena de vida, en el que el líder marcaba el camino, pero contaba con los demás. Aquel Partido Popular en el que la cualificación era una virtud y no un defecto, como parece hoy. En el que los jóvenes tenían un protagonismo. En el que se compartían ideas y emociones. En definitiva, hay que volver a un Partido abierto, integrador y capaz de liderar un proyecto común y aceptado por los ciudadanos.

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