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Martín Caicoya

Opinión

Martín Caicoya

La situación del cáncer avanzado el siglo XXI

Si juzgamos por la salud por la mortalidad, que es un buen indicador, las cosas van bien en este siglo. En España ha disminuido un notable 34,5% en las dos primeras décadas con una pequeña variación entre regiones: lsa más favorecida han sido las islas, ambas en torno al 40% y las menos las castillas, próximas al 30%. Este descenso tiene dos componentes: una menor incidencia de aquellas enfermedades prevenibles y el beneficio de los tratamientos médicos. La contribución de cada uno de ellos depende de la enfermedad. Por ejemplo, en el fantástico descenso de la mortalidad por enfermedad cardiovascular, todo apunta a que la prevención contribuye en el 50%. De esta enfermedad conocemos bastante factores de riesgo: tabaco, hipertensión, colesterol, hiperglicemia/diabetes, obesidad, sedentarismo. Sabemos tratarlos y cada vez lo hacemos mejor. Además, es importante resaltar que se han desarrollado terapias capaces de evitar o retrasar la muerte a los pacientes que sufren la enfermedad. A ellas se debe la otra mitad de este éxito.

El caso del cáncer es diferente. Cuando finalizaba el siglo XX, el 28% de las muertes se debían a esta enfermedad, frente al 33% por causas del aparato circulatorio. Pasados 20 años, estas últimas pasaron a ser el 25% mientras el cáncer ocupa ahora el 32%. Se demuestra que siguen siendo las causas principales de muerte pero el protagonismo ha cambiado. Es, entre otras cosas, porque la mortalidad por cáncer, si bien descendió, no lo hizo con la fuerza de las vasculares: un 23,4%. Y aquí las diferencias sí que son notables. Madrid es la que mejores resultados ha tenido, logró reducir el 29%% y la Rioja la peor, solo 13%.

En el conocimiento de las causas del cáncer hemos avanzado poco. A principios de la década de 1980 los investigadores Doll y Peto realizaran un informe para el congreso americano en el que examinaban lo conocido y su influencia. Entonces se conocían algo más de 100 cancerígenos, ahora son unos pocos más. Para calcular cuánto cáncer se atribuye a un factor basta conocer la proporción de personas expuestas y el riesgo relativo, es decir, cuánto más riesgo tiene el expuesto que el no expuesto. Por ejemplo, los fumadores, en la media, tienen 10 veces más riesgo de contraer cáncer de pulmón que los no fumadores. Con este método llegaron a explicar más del 100% de la incidencia de cáncer, un artefacto estadístico que no tienen importancia. Sí la tuvo la esperanza que creó. Una esperanza que no se cumplió. Entre otras cosas, porque atribuyeron demasiado protagonismo a hábitos y conductas que apenas, por lo que ahora sabemos, influyen. La más importante la dieta: hasta el 40% de los cánceres. Pero las ingentes inversiones en investigación en esta materia solo han podido demostrar la modesta influencia de las carnes procesadas en cáncer color-rectal y la posible contribución de la carne roja. Además no tenemos dianas tan claras como el colesterol, la diabetes, la hipertensión. Sí tenemos el tabaco y al descenso en el uso se debe la importante disminución de los cánceres dependientes de este factor en varones. Y al aumento de fumadoras hace 30 o 40 años, el ascenso del cáncer de pulmón en mujeres. Otro ámbito de prevención en el que se ha mejorado mucho es el laboral. Son muchos los cancerígenos que se producen o se emplean en los procesos industriales y la ley obliga, taxativamente, o bien a evitarlos y si no se puede, a asegurar que el trabajador no entra en contacto con ellos. Aún queda mucho por hacer en ese campo, pero progresamos.

Quizá el mayor progreso, y el que se vislumbra con más esperanza, es el tratamiento. Se han mejorado y sofisticado las técnicas quirúrgicas, hay avances importantes en el tratamiento con radioterapia y , sobre todo, se espera mucho de una realidad que ya está aquí: las terapias biológicas. Su contribución a mejorar la supervivencia de algunos cánceres es notable. En el descenso espectacular de la mortalidad por cáncer de mama ayudó mucho el cribado; quizá más los tratamientos. Hoy los laboratorios son capaces de perfilar la biología del tumor. Y en función de ella se diseña la terapia. Es interesante lo que está ocurriendo con uno de los cánceres más recalcitrantes al tratamiento: el de pulmón. Ni que decir tiene que si fuéramos capaces de no fumar y evitar las exposiciones laborales, su incidencia sería mínima. Mientras, hay que tratar los cánceres que ocurren. Y merced a las nuevas terapias biológicas está mejorando la supervivencia que estuvo estancada desde que se tienen datos. Aunque todavía sigue siendo modesta, para uno de los tipos ya alcanza el 25% a los 5 años. Porque existen fármacos que actúan sobre puntos específicos de la biología del tumor frenando su desarrollo. Pero para el otro, el llamado de células pequeñas, la supervivencia sigue siendo baja: 7%.

Nos gustaría evitar el cáncer con prevención y hay que insistir en ello. Pero la realidad es que un alto porcentaje ocurre por mutaciones no provocadas. Solo podemos ganarle con tratamientos. Los biológicos abren una esperanza que ya es realidad.

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