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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

El Museo Rodin

Sospechaba que tardarían unos días, pero ya han empezado a lloviznar algunas bobadas sobre el proyecto de Museo Rodin que tendrá su espacio en el rehabilitado espacio del llamado Parque Cultural Viera y Clavijo, tristemente abandonado desde hace lustros, gracias a un preacuerdo firmado entre la directora del Museo Rodin de París, Amelie Simier, el alcalde de Santa Cruz, José Bermúdez, y el vicepresidente del Cabildo tinerfeño, Enrique Arriaga. La rehabilitación del Viera y Clavijo, diseñada y dirigida por el arquitecto Fernando Menis, estará acabada en el primer trimestre de 2024, y muy pocos meses se procederá a la inauguración, que contará, entre otras piezas permanente, con una copia original de una es las obras maestras más conocidas y reconocidas de Auguste Rodin, El beso. Las primeras pamplinadas que se han podido escuchar giran chistosamente sobre la relación de Rodin con Santa Cruz de Tenerife o tal vez con el escaldón de gofio. No sé si se han preguntado alguna vez si el señor Solomon Guggenheim era de algún pequeño barrio de Lequeitio.

Santa Cruz de Tenerife dispone de un magnífico patrimonio escultórico gracias al esfuerzo de los que se implicaron, bajo la tutela del ayuntamiento y el Colegio de Arquitectos de Canarias, en la primera y segunda Exposición de Esculturas en la Calle. Acoger en una zona privilegiada una muestra estable de uno de los padres de la escultura moderna no parece exactamente un disparate ni una incongruencia, sobre todo si lo que se pretende es crear un instrumento disruptivo en la que ha sido históricamente una muy insuficiente, bastante irregular y casi siempre dubitativa política cultural local. El Museo Rodin, según su principal impulsor, el alcalde Bermúdez, tendrá una obvia importancia en sí mismo, pero también presente ser un eje de relaciones con otros proyectos y programas culturales, cuando la capital, como todas las ciudades, empieza a salir con dificultades previsibles e imprevisibles del desastre económico que ha supuesto la pandemia, que como debería ser obvio, todavía no se ha superado totalmente. Junto a la exposición estable de Rodin se organizarán muestras de escultores españoles y canarios, una programación que podrá conectarse con la adquisición de nuevas piezas para nuestro parque escultórico callejero, extendiéndolo espacialmente a nuevas zonas urbanas, o con una colaboración sistemática con la Facultad de Bellas Artes y la Universidad de La Laguna a través de talleres y certámenes.

El Museo Rodin de Santa Cruz de Tenerife, el segundo de Europa, se transformaría así en uno de los motores de la política cultural como servicio público y canal de difusión artística. Si el proyecto se desarrolla cabalmente obligará a replantearse, desde luego, el papel de otros museos ubicados en la capital chicarrera, como las salas del Tenerife Espacio de las Artes – que desde hace tiempo no pasa precisamente por un buen momento – o el mismo Museo Municipal de Bellas Artes, que necesita con extrema urgencia ser repensado y reactualizado como espacio expositivo vivo y al servicio de la ciudad. A los que llevamos lustros criticando –a veces exasperadamente – el silencio cultural de la pequeña sociedad chicharrera la noticia del futuro Museo Rodin es necesariamente un buen augurio, una iniciativa esperanzadora, una herramienta que puede dinamizar culturalmente la capital si se la gestiona con inteligencia, constancia e imaginación. Si quieren ustedes, en fin, como un clavo del que agarrarse después de demasiado tiempo de naderías y frustraciones en esta ínsula demasiadas veces barataria. Solo por eso merece la pena apoyarlo críticamente exponiendo sugerencias, aportaciones, dudas, análisis, reservas, horizontes y posibilidades. Es una oportunidad excepcional. Y Santa Cruz debe aprovecharla. No para ser capital de ningún Atlántico de chichinabo sino para ser, por fin, capital de sí misma y de su propio apetito de creación, de su propia dinámica y compleja y discutible identidad cultural.

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