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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Después del covid, el virus de la hediondez

La suciedad de algunas calles capitalinas ha acabado por convertirse en una pastosidad que envuelve a todo hijo de vecino. Por incivismo del vecindario y por problemas de personal, vamos camino de que la mugre se coma, en principio, las pantorrillas y un poco más. Tan instalado está el desajuste que los viandantes sortean, de oficio, derrames de contenedores con todo tipo de desechos a los que han renunciado, de antemano, vagabundos que buscan pacientemente entre las sobras. Asome la cabeza y sacará conclusiones sobre la sociedad de consumo y sus intimidades. La hediondez abarca, aparte los compostajes nacidos del calor de la cocina, colillas de cigarros, mascarillas, prendas, zapatos solitarios, muebles, inodoros, vajillas, cristalerías, libros, libretas, pedazos de madera, hierros oxidados, sacos con escombros, aceite de fritangos en botellas de plástico, revistas, periódicos... Todo ello revuelto, llevado a rastras hasta la siguiente esquina, ofreciendo a la vista el caos de un basurero apto para roedores o para aves que se alimentan de desperdicios. Por desgracia, a medida que la suciedad se consolida en las baldosas empieza a crecer la costumbre de vivir entre la mierda. Tanto, que ante la visión de unas aceras recién pavimentadas, con medianas de nueva jardinería y asfalto brillante por su estreno, el vecino, de manera irremediable, sufre una especie de espasmo al constatar que existe otro mundo muy enjabonado y más limpio que un pincel. El hidrogel para desinfectarse las manos, la mascarilla y alguna que otras cautelas a la hora del saludo siguen presentes en la normalización posvacunacional. Unas prevenciones antibacterianas que se diluyen, sin embargo, bajo la atmósfera creada por las olorosas filas de contenedores de basura. Unos depósitos a los que no les funciona el sistema de apertura a pie, y que hay que abrir a mano para luego salir corriendo a enjuagarse con detergente. La emergencia sanitaria por la covid nos ha demostrado el poder del virus. La limpieza de la rúe debe aclimatarse a la higiene pospandémica.

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