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Esteban Santana

Punto de vista

Esteban Santana

A propósito del Juego del Calamar

Se ha levantado una «polémica» últimamente, sobre todo en los grupos de WhatsApp de padres, por una serie coreana de televisión nominada «El juego del calamar» y en la que, en resumen, se utilizan juegos tradicionales, pero para poder ganar hay que matar al contrincante. De verdad que me ha extrañado enormemente esta polémica porque, aunque no quiero tirar de cartelera, no es la única película con tintes violentos que podemos ver en cualquiera de las plataformas de televisión hoy en día. Entonces ¿Por qué se ha producido este revuelo?.

Realmente esta serie, y podía haber sido cualquier otra, ha sacado los colores a muchas familias que no saben, sabemos, lo que ven nuestros hijos en los dispositivos móviles a través de Youtube, de las redes sociales o en la misma televisión. Muchas horas pasan nuestros hijos con máquinas y pantallas consumiendo lo que, algunos casos ven de casualidad, o como dicen mis hijos, son propuestas de las redes sociales, influencers sobre todo de Instagram o Tik Tok, que en muchas ocasiones, en la mayoría, no saben lo que están diciendo o proponiendo, o igual lo hacen para «reirse» de aquellos otros niños-jóvenes que no tienen conciencia crítica y distinguir la realidad de la ficción.

Está claro que nuestros niños y jóvenes están expuestos a un gran peligro si los dejamos solos y no los acompañamos, les aconsejamos e incluso les proponemos nosotros, los adultos, las familias, aquellas producciones más adecuadas para su edad. Verdad es que antes los niños de antes jugábamos a juegos en los que la finalidad era «matar» a otros, entre ellos estaban «Policías y ladrones», «Indios y vaqueros», etc. Y además los cuentos clásicos que nos leían como Caperucita, en la que aparecía el Lobo Feroz que se comía a la abuelita y luego terminaba siendo «rajado» literalmente para sacarle a la abuela y meterle piedras.

Hay un estudio denominado “Las tecnologías de la información y de la comunicación y su uso por los niños y adolescentes” de Carmelo Garitaonandia Profesor del Departamento de Periodismo de la Universidad del País Vasco, Emilio Fernández Profesor del Departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona y José Antonio Oleaga Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad del País Vasco, donde hablan de que el mundo de la comunicación y los estímulos y mensajes que reciben los jóvenes desde los diferentes canales de interacción multimedia (radio, televisión, la web, los móviles, las consolas de videojuegos) han hecho más complejo el ecosistema de la comunicación en que se desenvuelven.

Este estudio afirma que los niños y jóvenes españoles ven la televisión casi todos los días de la semana y le dedican algo más de dos horas y cuarenta minutos. De ellos algo más de media hora se debe al consumo medio de vídeo/dvd al día, con una frecuencia de algo más de 2 días a la semana. Los niños de 4 a 12 años son el grupo de edad –seguido de los jóvenes y adultos jóvenes de 13 a 24 años que menos tiempo pasa frente al televisor, frente a más de tres horas y tres cuartos que consumen el resto de los españoles.

A este estudio sociológico que se centra en la influencia de la televisión habría que añadirle el de los dispositivos móviles, mucho más difíciles de controlar por los padres, sobre todo en lo que respecta al tiempo que se emplea delante de ellos.

En nuestra sociedad lo que falta hoy en día es más Comunicación en el ámbito familiar. Cada vez pasamos los padres más horas delante de los dispositivos, por motivos laborales generalmente, todo lo tenemos en nuestro dispositivo y el trabajo se viene con nosotros a casa. Esto origina que nuestros hijos pasen más tiempo solos, sin ser acompañados, si jugar con ellos, sin estar de manera presencial y sobre todo sin hablar. Cada vez se habla menos con los hijos, y esto se acentúa en cuanto más adultos son, lo que origina que no sepamos qué hace tantas horas delante de la pantalla, ya sea por desconocimiento o porque no les preguntamos.

Siempre recuerdo a un alumno que pasaba por un problema grave y cuando me lo comentó le dije que si se lo había comentado a su madre. Su respuesta me dejó helado «profe, mi madre viene de trabajar del sur a las 6 de la tarde, ya yo he comido solo y me pongo a hacer las cosas de casa y del cole. Ella siempre viene cansada y después de ducharse se tumba en el sillón y se pone a ver la tele hasta que es la hora de cenar, si se despierta». “Yo intento hablar con ella en muchas ocasiones y me dice que no la moleste que está viendo la tele». Esto es un caso real y como estos ocurren a diario muchos entre nuestros niños y jóvenes. La falta de comunicación va degenerando en una falta de confianza y eso deriva en algunas «sorpresas» y comentarios como estos: «pero si nunca me lo dijo», «yo no vi que tuviera ningún problema», etc,...

Hablemos con nuestros hijos, no dejemos que se esclavicen de los dispositivos móviles y de las redes sociales. Hablemos más con ellos de esos temas que tanto les preocupan y, aunque parezcan tonterías, para ellos son los más importantes de su vida, porque lo están viviendo en primera persona.

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