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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Malestar creciente en La Palma

El malestar entre los afectados por la erupción volcánica en Cumbre Vieja va creciendo. Es jodido gestionar –administrativamente– y autogestionar – individual y psicológicamente – las expectativas después de una pérdida grave e irreparable. Se puede detectar señales, todavía débiles y aisladas, de que el Gobierno puede llegar a sentirse desbordado. No tendría por qué – sus recursos son muy amplios – pero es lo que está empezando a ocurrir. Es la estupidez consuetudinaria de la burocracia. El Gobierno, en efecto, no ha conseguido en estas semanas doblarle el cuello a la burocracia y a los procedimientos administrativos y además quiere seguir teniendo el control último de todo el proceso de recuperación económica y auxilio social. Por eso quizás los ayuntamientos de los cuatro municipios afectados no han visto todavía un euro en transferencias. Por eso, tal vez, a casi todo los trabajadores sociales (una quincena) que atienden en la Oficina de Atención a los Damnificados, que el Gobierno autonómico abrió en Los Llanos de Aridane, los trajeron de afuera, en lugar de reforzar un equipo de trabajo integrado por trabajadores sociales que conozcan bien la isla, sus territorios y sus circunstancias. Se han tramitado, en efecto, 895 expedientes de regulación temporal de empleo, pero veremos cuándo comienzan a cobrar (todos conocemos afectados por un Erte que no comenzaron a percibir los haberes hasta dos o tres meses después de ser aprobado su expediente, pero no habían perdido su casa o se les había carbonizado su negocio). Y, especialmente, el Gobierno sigue sin entender la naturaleza de la crisis a la que se está enfrentado y articular el modelo político-administrativo para hacerle frente con rapidez y solvencia. Solo hay dos esquemas posibles: o el Cabildo y los ayuntamientos bombardeados por el volcán toman las riendas con todo el apoyo técnico y económico del Ejecutivo regional o se organiza una verdadera oficina gubernamental que colabore con las corporaciones locales no solo para distribuir y maximizar las ayudas, sino para comenzar a diseñar la recuperación económica y evaluar las prioridades inversoras para los próximos meses…y años.

Porque esta dura y enervante crisis va para largo. Puedes encontrar especialistas ligados a organismos públicos que se niegan a especular frente a los micrófonos, pero que te comentan sotto voce que las erupciones pueden prolongarse perfectamente cuatro, cinco, seis meses. No se puede esperar medio año para recuperar la actividad económica y zurcir el tejido empresarial dañado. Al contrario: hay que comenzar a hacerlo cuando todavía tiembla la tierra y corre la lava. Produce cierta extrañeza que la persona que se ha designado para controlar la Oficina de Atención de Los Llanos, Antonio Olivera, viceconsejero de Presidencia, se haya convertido también de facto y simultáneamente en el portavoz del Gobierno. Es conocida el orden y la capacidad de trabajo del señor Olivera. Pero quizás sea pedir demasiado, incluso a él.

Un movimiento habitual en todo Gobierno – aquí y en todas partes – es utilizar una crisis para apantallar otras. Es una tentación en la que los responsables de la Comunidad autonómica no deberían incurrir. El reportaje publicado hace unos días en El País sobre la situación de los inmigrantes llegados a las costas de Lanzarote y estabulados en una nave industria en condiciones nauseabundas debería avergonzar a todo el Gobierno canario. Es asqueroso, es indignante, es intolerable. Nos degrada como comunidad y como pueblo, un pueblo que durante siglos acudió a la emigración para escapar del hambre, de la miseria, de la violencia. Esto, y los niños y niñas que siguen ahogándose en el mar diariamente para llegar a Canarias, es una acusación incesante y atroz a los que miran hacia otro lado y te dicen que esto es tan triste como inevitable y luego se sientan en su escaño y hasta el próximo pleno. Qué fuerte han puesto hoy el aire acondicionado.

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