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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Casimiro y su bombardeo del volcán

Casimiro Curbelo no es un kamikaze dispuesto a lanzarse a velocidad de vértigo y con el motor revolucionado contra el vientre del enemigo, y firmar con el impacto su sentencia de buen suicida por el honor y el emperador. Para nada, el cacique gomero y sostenedor del pacto de las flores es un aviador de olfato fino y con mucho tiento, que desciende por debajo de los radares y entra en la zona de influencia sin que las metralletas del enemigo se enteren de su proximidad. A la vista de las rentas que le ha dado la estrategia de mosquito cojonero, ha puesto en circulación una solución final -o al menos para tanta pérdida material- para el volcán de Cumbre Vieja. Y paso a concretarles la iniciativa, sobre la que ya se ha pronunciado algún científico (Lorenzo Pasqualini, geólogo de Meteored). El político canario, cuya carrera es tan antigua como el material que expulsa el volcán, flirteo hace unos días, durante un programa de radio, con la idea de mandar al volcán unos aviones de combate y bombardear el fenómeno para desviar las coladas de lava. Un ataque quirúrgico de estas característica, o algo similar, lo llevó a cabo un personaje con el que Casimiro Curbelo se mediría encantado sobre una loma, prismáticos en mano, durante la operación bajo el calor inmenso, la nube de ceniza y el fuego infernal. Hablamos nada menos que del general Patton, que contagiado por su temperamento homérico, a la par que inestable, decidió en 1935 bombardear en Hawái el Mauna Loa para evitar la contaminación de un acuífero. Al parecer, el movidón le salió bien, sin que se sepa si hubo o no efectos colaterales de reseñar, o si desaparecieron de la faz de la tierra cultivos, endemismos y fauna. En el Etna, Sicilia, no se materializó la vía expeditiva y traumática del bombardeo aéreo, pero sí los explosivos colocados en tierra en lugares claves por especialistas. También se han utilizado bloques de hormigón desplazados por helicópteros. El aserejé del amo gomero, de nuevo en el candelero, aunque sea lávico, quizás el medio donde mejor se mueve este prestidigitador.

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