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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Engrudo palmero

Albergo dudas y apenas les cobro alquiler. Cuando el presidente del Gobierno autónomo, Ángel Víctor Torres, afirma que el centenar de millones de euros consignados en un anexo del proyecto presupuestario regional para la “reconstrucción” de La Palma está “disponible en el momento que se necesiten”, ¿sabe que se está refiriendo al próximo año, no? Digo yo que lo sabrá el señor presidente, del que se repite constantemente que es docente y puedevolverasuplazacuandoquieraqueadmirable pero que lleva veinte años profesionalizado como político. Disponible en el momento que se necesiten a partir del próximo 1 de enero, no antes. Es decir que no están disponibles por el momento, que es absolutamente lo contrario de lo que afirma el señor presidente. Todo este engrudo semántico se está utilizando con mucha profusión en la crisis palmera. Es lo mismo que los cientos de millones prometidos por el presidente Pedro Sánchez y los sucesivos ministros y secretarios de Estado y directores generales del Gobierno central que visitan, como Dantes ensalivados, nuestro pintoresco infierno. Como Beatriz vendrá hoy Irene Montero. “Ella pasa, sintiéndose alabada, /benignamente de humildad vestida;/ pareciera ser algo venido/ del cielo a la tierra a mostrar un milagro”. El otro día, en su enésima visita, Sánchez soltó otra belleza, eso de que se van a agilizar los trámites de los procedimientos para conceder las ayudas. ¿Los va a agilizar a partir de ahora, no los estaba agilizando ya, les faltaba agilidad desde antes? Vete a saber, porque el señor Sánchez no lo sabe, y probablemente lo deje en evidencia en su próxima visita.

Por supuesto existe una disponibilidad presupuestaria inmediata si es necesaria. Como si no pudieran habilitarse créditos en 72 horas. Pero prospectivamente cien millones, un sinfín de promesas ministeriales y un real decreto con exenciones y deducciones tributarias y retrasos fiscales es el equipaje con la que el Gobierno se enfrenta a este excepcional y ruinoso trastorno, a los que se suma la ayuda de primerísima urgencia para alquileres y manutención y las ocho viviendas que Sebastián Franquis se propone entregar “a finales de la próxima semana”: no mencionan el jueves, el viernes o el sábado, supongo, para hacerlo más emocionante. Habría que hablar mucho de lo damnificados alojados temporalmente en pensiones y hoteles. Habría que explicar cómo vive una familia de cinco o seis miembros en la habitación de un hotel de tres estrellas, por ejemplo, con cuatro mochilas de donde entra y sale toda la ropa. Mientras tanto no cesa la diarrea verbal de los responsables públicos. El presidente Torres se ve abocado a soltar frases pretendidamente llamativas porque, si no es así, ¿qué hace en La Palma casi a diario? ¿Va ir y venir silenciosamente? Por supuesto que no. Un político es esencialmente una entidad palabrera. Así que el presidente, por ejemplo, espeta que sobre las coladas no se construirá, hombre, por supuesto que no, sino que se cultivará. O cuenta que en la reunión de los presidentes de las Regiones Ultraperiféricas de la UE va a sacar el asunto este del volcán. Bueno fuera, presidente. Lo interesante sería saber qué hay hecho su vicepresidente y consejero de Relaciones con la UE al respecto en los últimos quince días. Y así, entre reuniones, se acaba un día tras otro mientras no llegan las perras y el Ejecutivo sigue sin entender que la duración de esta erupción volcánica ya está obligando a trabajar en los dos frentes: atender a las necesidades materiales en la vida cotidiana de los afectados y proyectar una reforma del modelo económico de La Palma.

Sin embargo, y tal y como era previsible, no se habla demasiado de nada de eso, y mucho en cambio de la supuesta ocurrencia de Casimiro Curbelo para que se bombardee el volcán. Los hay empeñados en fragüar sus diminutas venganzas en una coyuntura tan dolorosa como esta. Son los que confunden trascendencia informativa con lo que garrapatean en las paredes de sus letrinas.

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