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Juan J. Pérez Piqueras

Argelia y Marruecos se enfrentan, ¿hasta dónde?

Ambas potencias pretenden liderar el Magreb, región importante que ocupa una situación estratégica para el control del Estrecho de Gibraltar, algo transcendental para la seguridad del Mediterráneo Occidental y de influencia en toda esta vasta región. Las dos son vecinas y enfrentadas, con las fronteras cerradas desde 1994, enzarzadas en una carrera por reforzar sus ejércitos con la compra desmedida de las armas más actuales y costosas de última generación, para mostrar agresividad ante su opositor.

Se da la circunstancia de que Argelia y Marruecos, que son las de mayor población y riqueza de esta región, con miles de kilómetros de frontera común, entraron en conflicto desde el mismo momento en el que alcanzaron sus independencias, en la llamada «Guerra de la Arenas» en 1963, por la indefinición de sus límites fronterizos heredados de Francia, su potencia colonizadora, dejando casi un centenar de muertos en el terreno.

E incluso desde el punto de vista ideológico también estaban enfrentadas. Si Argel tomó una orientación socialista, aliada con la entonces Unión Soviética y el Tercer Mundo, Rabat lo era con los Estados Unidos y el mundo occidental. Posteriormente llegaría otro desencuentro importante por el tema del Sahara Occidental, que permanece hasta la actualidad en una particular guerra fría para el control de este territorio, ocupado en 1975 para «la Administración Temporal por Marruecos y Mauritania» (Tratado de Madrid), cuya solución definitiva la decidirá un referéndum organizado por Naciones Unidas (NN.UU.). El apoyo argelino al Frente Polisario y a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) fue determinante para la enemistad entre los dos vecinos, que motivó que Argelia cerrara sus fronteras con Marruecos en 1994.

En Argelia, país singular, peculiar, como vengo afirmando en mis anteriores escritos, existe una dicotomía, no siempre antagónica, entre un poder real detentado por el Ejército y sus Servicios de Inteligencia, y el poder formal encarnado en la figura del Presidente, el Jefe de Estado. La lucha entre ambos por el control del Estado ha marcado la vida política de Argelia desde su independencia el 5 de julio de 1962.

En la actualidad, a juicio de analistas con crédito internacional el Presidente de la República Abdelmayid Tebún permanece tutelado por el Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Said Chengriha. Las decisiones actuales adoptadas contra Marruecos, como la ruptura de relaciones diplomáticas, el cierre del espacio aéreo argelino para aviones civiles y militares marroquíes o la no renovación del Gasoducto Magreb-Europa (GME) que suministraba ese carburante a España a través del territorio marroquí, lo han sido por imposición del General Said Chengriha a sus subordinados del ejército argelino (ANP) y al Jefe del Estado, el Presidente Tebún. Sin embargo, Argelia no ha recibido el apoyo de sus tradicionales aliados, como Rusia, Cuba o China, que le han aconsejado recuperar el diálogo y regresar a la diplomacia.

Por su parte, Marruecos ha ido cosechando avances y claroscuros con su pueblo, como cierta estabilidad social, aunque mantenga un índice de pobreza alta que hace de la emigración algo vergonzoso para el Reino; pero ha mantenido una clara política exterior alineada con los EEUU y el mundo occidental. Con su actual rey Mohamed VI, tras una activa política de diplomacia, en 2016 regresó a la Unión Africana, de donde había sido expulsada, eligiendo el momento oportuno cuando tenía de su lado a un importante número de naciones que negaban el reconocimiento del Frente Polisario y su RASD. El despliegue diplomático por diversos países vecinos y del Sahel Occidental fue muy positivo para su pretendido liderazgo.

Pero también ha cometido graves errores, como utilizar a población civil como escudos humanos, que ya lo hizo en la Marcha Verde organizada por su antecesor Hasan II en 1975, y recientemente en Ceuta con jóvenes y niños, que fue censurado por todo el mundo.

Y ha sabido también explotar el factor religioso, como «Comendador de los Creyentes» en esta zona fundamentalmente musulmana, lo que vino en llamarse «la diplomacia espiritual», consiguiendo acuerdos importantes en la lucha contra el islam político violento para exterminar el radicalismo yihadista suní.

Recientemente, además, vino el reconocimiento de Donald Trump sobre la soberanía marroquí del Sáhara, una solución amparada en hechos consumados, contraria a la de las NN.UU., todo ello a cambio de que establecieran relaciones diplomáticas con Israel. Pero ahora, como el nuevo presidente Joe Biden no parece que haya cambiado de opinión, Marruecos se ha sentido fuerte, con capacidad de exigir ese mismo reconocimiento a Alemania y después a España, para inducir al resto de la Unión Europea, tema que no ha conseguido. Y tras esta apuesta infundada decidió aprovechar la debilidad, aparente, de su vecino argelino, un régimen donde existe una clara fractura entre gobernantes y gobernados, contestado por manifestaciones populares (movimiento denominado el Hirak, que comenzó el 22.02.2019 y exige desmotar esa singularidad que le caracteriza y separar la política del ejército), para presionar al máximo, con la respuesta que ya todos conocemos. Un nuevo fracaso.

Este nuevo enfrentamiento tiene lugar por varios hechos concatenados, como la intervención del embajador marroquí en las NN.UU. asegurando que Marruecos apoya la autodeterminación de la región argelina La Cabilia (existe un grupo llamado Movimiento de Autodeterminación de la Kabilia -MAK-, que Argelia lo considera terrorista), y la más reciente, la intervención marroquí al bombardear el pasado 1 de noviembre dos camiones argelinos que circulaban por el Sáhara, muriendo sus conductores. Argelia acusa al ejército marroquí del asesinato de tres argelinos, advirtiendo que «esas muertes no quedarán impunes».

En relación al poder militar de las dos naciones, decir que vienen reforzando sus ejércitos desde hace al menos diez años. Según el prestigioso ranking Global Fire Power (GPF) de 2021, Argelia ocupa el puesto 27 como potencia militar a nivel mundial, superando a su eterno competidor, Marruecos, que ocupa el 53.

Lo más probable es que respeten el statu quo actual. Ambas partes tienen mucho que perder y poco que ganar. Y España también.

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