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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

Comunidad de migrantes de Canarias

Querido amigo, cuando ves a un africano paseando por nuestras calles vestido con ropa de marca, con una patineta eléctrica y un móvil de última generación, te preguntas cómo es posible que alguien que ha llegado a las islas en patera se lo pueda permitir.

Y es que, además de hospedarse en una residencia con pensión completa, también dispone de un sueldo que le proporciona el gobierno local, y todo eso a cuenta del estado.

En Canarias tenemos el mayor porcentaje de inmigración de todas las comunidades autónomas, Gregorio, así que, en lugar de una comunidad autónoma española más, deberíamos ser un gran campamento internacional de migrantes llamado Canarias, y contar para mantenerlo con todos los medios técnicos, logísticos y económicos de la comunidad internacional.

Deberíamos convertirnos en lo que se podría llamar Comunidad de Migrantes de Canarias, o por sus siglas: CO.MI.CA., aunque vaya de todo menos de risa.

Así podríamos dedicarnos al tráfico de personas y proporcionar mano de obra barata a otras comunidades y a otros países. Como, por ejemplo, el Reino Unido, que después del brexit necesita urgentemente trabajadores de bajo coste en gran cantidad para atender a sus servicios públicos, ya que los hijos de la Gran Bretaña no están dispuestos a trabajar como si fueran esclavos.

Por otra parte, y, como quiera que nuestra mercancía sería las personas, lo importante es contar con el mayor número de gente posible, y, entre más pateras lleguen mejor, de modo que podamos disponer de un buen stock… Mientras tanto, que todo el mundo se ponga a follar para que las mujeres no paren de parir.

Tampoco nos costaría mucho montar el tinglado si, como hasta ahora, podemos acinar a los recién llegados en barracones prefabricados que estarían localizados en cualquier zona del interior, y, una vez allí, ir separándolos por raza, color y tamaño, para que vayan procreando según demanda.

Otro negocio que podría montarse y que serviría como un nuevo incentivo para los turistas que nos visitan, sería fomentar las relaciones sexuales entre los emigrantes y los visitantes, a los que, si lo desean, podríamos remitirles después sus crías con todos los datos a modo de pedigrí.

Mira por dónde, Gregorio, pasaríamos de ser un «vergel de belleza sin par» a un «burdel de emigrantes legal…»

Se me ocurren un montón de ideas más, Gregorio, como, por ejemplo, la de recuperar uno de los grandes negocios que se han hecho en el continente africano como es la subasta de personas, pero que, en este caso, sería completamente voluntaria por parte de los subastados, que estarían encantados de esclavizarse en cualquier país del mundo antes de volver a sus lugares de origen.

No hay mal que por bien no venga, y si los que detentan el poder nos tratan como esclavos, también nosotros podemos esclavizar a los demás. Pero no sería nada personal, solo una cuestión de negocios…

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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