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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Casado y las almas

No me extrañó nada que Pablo Casado se hubiese levantado el 20-N y tras el desayuno preguntase por la parroquia que daba una misa por el alma, entre otros, de Franco. Y fuese con su familia a cumplir con laxitud dominical con la eucaristía, y de paso, a darse un homenaje sacramental con la memoria del dictador. Al salir del templo, se hizo el longui y dijo no tener ni zorra idea de que allí se hubiese elevado a la estratosfera al caudillo. Poder o no ir a la santa misa tiene una importancia capital en este país, como bien reconoció el propio Manuel Azaña a la hora de lamentarse por la quema de conventos y reliquias por incontrolados que interpretaron a las bravas el laicismo republicano. El hijo de un señor centenario que había vivido en la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid, que murió hace unos años, me mandó a través de su descendiente el siguiente mensaje cuando le pedí una entrevista dada su lucidez: No quiero saber nada, allí no me dejaban ni ir a misa, tenía que ir los domingos a una ermita cercana y a escondidas, dijo el buen señor sobre una época que le disgustaba, sobre todo por impedirle cumplir con su rito. El líder de los populares no puede dejar que pase de largo su alimento espiritual, y le da absolutamente igual que se ruegue por el alma un tipo ruin, rencoroso y sin un atisbo de piedad con sus enemigos. ¿Se puede legislar sobre estas interioridades? Esperanza Aguirre, preguntada al respecto, vino a decir que ella no le negaba a nadie un rezo por su alma, incluso hasta al dictador más dictador. Una prueba de que nos perdemos algo es que aún hay sectores de la Iglesia para los que Franco todavía se merece una elevación, ya sea por nostalgia o por los tiempos de las sotanas tan bien descritas por José Luis Cuerda en Los girasoles ciegos. No se puede hacer nada, hasta el alma más cruel se merece un ritual bajo la belleza de un templo gótico sumido en la humedad de la piedra. Casado demuestra que es franquista, aunque sea por la vía celestial. Es la derecha nacional, irremediable en su alianza con los pecados y sus santos.

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