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Fernando Canellada

Azul atlántico

Fernando Canellada

Periodista

El diagnóstico de Ignacio Baeza

La sede en Vegueta de la Fundación Mapfre Guanarteme acogió ayer un encuentro sobre turismo y una charla de Ignacio Baeza sobre la multinacional aseguradora en el último ejercicio de la pandemia.

Viene a ser este ejecutivo, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1962, como un profeta en su tierra al que merece la pena escuchar con atención. Un líder con una influencia personal que trascienda del mero poder inherente al cargo que ocupa. Economista y MBA, con 25 años en Mapfre y cinco empresas en su curriculum antes de llegar a la aseguradora, Ignacio Baeza ofrece un interesante panorama de la multinacional del seguro, sólida, firme y rigurosa en su aventura internacional, y muestra un ejercicio profesional fundado en la confianza de miles de accionistas y de algunos de los más relevantes empresarios españoles.

Su persona irradia dignidad y una influencia que nace del reconocimiento de los demás. Ser presidente de Fundación Mapfre Guanarteme y vicepresidente primero de Mapfre no es tarea fácil. De forma especial si en este tiempo se cuestiona el paradigma en el que se sustenta nuestra civilización y se muestran las grandes limitaciones del sistema económico. Todo lo que hemos vivido en este último año y medio no ha sido en vano para Baeza y su holding. Así lo ha explicado en un didáctico ejercicio que no ha estado libre de contundentes opiniones sobre la racionalidad económica de medidas del Gobierno en los presupuestos generales del Estado.

En nuestro país hay ciertamente gente muy valiosa y abnegada, aunque no se hable de ella, y a la que le duele España, y que tras la grave crisis del coronavirus aúna esfuerzos y vertebra sinergias para hacer frente a la desesperanza. Asumiendo el lema de no comulgar con ruedas de molino frente al entramado institucional, Ignacio Baeza desliza que el andamiaje del sistema económico, en especial el sistema de pensiones, la deuda pública y el déficit energético, ofrecen inquietantes señales de ruina.

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