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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Ángel Tristán Pimienta

Apuntes

Ángel Tristán Pimienta

Periodista

La pandemia, el volcán y la aluminosos de la ignorancia

Revisando el original impreso de un diario del primer confinamiento y de los estados de alarma, que llevé día a día y casi hora a hora para aprovechar el tiempo ‘notarialmente’ y no tirarlo por la barranquera, sin dejar nada en el tintero, me asombra sobre todo la capacidad del olvido social.

Pongamos un ejemplo: en los primeros días pandémicos los empresarios españoles acusaban al gobierno de España de catastrofista e irresponsable. Solo les importaba su negocio, cosa muy habitual, sin ver un palmo más allá de sus carteras. Suponían, muy perspicazmente, que esas medidas iban a retraer el turismo.

Lo que no imaginaban es que quien retrajo de verdad al turismo y hundió la economía europea fue el virus que también asolaba a los países emisores. Un amigo, de esos que parecen funcionarios de telégrafos, que pasan los telegramas sin entrar en ellos, transportando los bulos de los expertos en el timo de la estampita de las redes sociales, vulgares carteristas de las neuronas, había olvidado este ‘pequeño’ detalle.

Él o ella reciben algo de alguien afín, con quien comparten talibanamente odios o amores, y lo ‘rulan’ mecánicamente. Utilizan el cerebro con la simplicidad de la maquinaria de un chupachups. Y lo hacen cada vez que les suena el timbre como si fuera la primera vez y no la enésima. Y como si el presunto escándalo ya desmentido fuera de ayer y no de hace cinco años. Como me decía un cura en el Corazón de María: “Dios le da sombrero incluso al que no tiene cabeza”. Estamos buenos.

Como el rigodón de la derecha unida, que baila incluso el hombre razonable, con las medidas de prevención y el ‘estado de alarma’, que un día proclamaban una cosa y al otro su perfecta contraria. Hasta que llegan las vacunas y, como puede verse en las hemerotecas, surge un movimiento negacionista, radical o mefistofélico, oportunista y populista, irracional y malvado, conducido por una oposición desquiciada que quiere darle un bofetón al gobierno en la salud de los ciudadanos. Histérica por ver alejarse la ‘tierra prometida’. Muchos con el caos viven mejor.

Navegando entre bajíos y traidoras sirenas y falsos sirenos, España ha conseguido ser uno de los países del mundo con mayor tasa de vacunación. A pesar de los que aseguraban el caos. Pero es que ‘técnicamente’ tenían razón. La salud pública era cornuda y encima apaleada. No contaba, y sigue sin contar, con medios suficientes. Los recortes, por una parte, y la desidia aliada con la incompetencia, por otra, la dejaron en cuadro. En esa situación no faltaban los comparatistas que denunciaban el exceso de funcionarios y trabajadores públicos y que movían una y otra vez por internet estadísticas trucadas del número de políticos en relación con la Unión Europea.

La ruindad de estas acusaciones y delirios es obvia: ya se dice que la causa del retraso en la tramitación de los ertes, o de los primeros auxilios para la pandemia o para los fondos europeos para la reconstrucción es por falta de medios, tanto de personal como técnicos. No hay suficientes médicos, en unas autonomías más que en otras, pero la media es muy inferior a la europea; no hay suficientes profesores; no hay suficientes investigadores, ni jueces, ni policías ni guardias civiles….En resumen, lejos de haber una inflación de funcionarios públicos es al revés: hay un enorme déficit. Con culpables que en vez de tener vergüenza disimulan con desacomplejada soberbia.

Pero toda esa intoxicación y propaganda, circulada y recirculada por las redes sociales de pesca de incautos va creando un ambiente. Está demostrado que un importante sector ‘intermediario’ de la población, que recibe y manda bulos de forma automática, sin que logren penetrar en sus cerebros, termina por creerse todas estas mentiras. No han metido los desmentidos en el disco duro. Se confunden de conspiración. La auténtica conjura, el gran engaño, es el primer reenviado masivo ‘para que se sepa’, cosa que puede intuirse por el consolidado principio del pato. Si tiene plumas como los patos, si el pico es como el de los patos, si hace cuá cuá como los patos y si nada como los patos…lo más probable es que sea un pato.

La verdad es que no hace falta tener muchos dedos de frente. Hoy los grandes virólogos europeos ponen a España como ejemplo; por lo que se ha hecho, y no por lo que no se ha hecho. Para los expertos alemanes, la dureza de los primeros confinamientos ha sido clave para que los ciudadanos huyan de un retorno al encierro vacunándose masivamente, a pesar de los golfos, tarados o ignorantes a los que se las ‘reflanflinfa’ la vida ajena. Tampoco ha sido muy constructiva, educativa y mentalizadora la discrepancia judicial, contaminada por dosis de excentricidad, como la actitud de algunos jueces disputándole el papel técnico-científico a los epidemiólogos y demás expertos.

Ahora en Europa, sobre todo en la menos vacunada, en especial por la influencia de los homeópatas mentales, ha aparecido con fuerza una sexta ola. Vuelven los llenos en los hospitales, en las UCI y los muertos. A la vez, se multiplica la desinformación. Monjitas que deberían estar en un geriátrico; analfabetos que buscan ser ‘influencers’; enterados pontificando paparruchas; un médico USA quejándose de que una vacuna le produjo una mielitis invalidante y la sanidad americana no le ayuda. Normal. Los legisladores norteamericanos y los votantes del Partido Republicano han elegido la chequera en vez de una sanidad pública universal y de calidad. Si no quieren ‘estado de bienestar’ tienen ‘estado de malestar’ cuando llegan las duras.

Y ahora, atención. Asoma la cabeza en Canarias la cofradía de la varita mágica. Denuncian desde una oposición que transita sin rumbo por un desierto de cenizas la ‘injusta’ demora en las viviendas para los damnificados por el maldito volcán de La Palma y en la reconstrucción.

Como en el dicho italiano, ‘piove… ¡porco governo!. Pero ojo al dato. Todos los ‘reparos’ no son iguales. La línea que separa la agilidad de la prevaricación y los barrotes es muy delgada.

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