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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Opinión

La playa de Las Canteras

Soy peninsular en tierra de Las Palmas de Gran Canaria. Hace poco que resido al lado de la playa de Las Canteras. Y poco a poco me sumerjo en su mundo con mirada atónita. Yo soy otro personaje entre los variopintos que por su orilla pasean, airean sus penas, se bañan, terracean, corren, surfean, bucean, juegan, ligan, se tuestan al sol, leen, dormitan, charlan, tertulian, hacen botellón, festean, bailan, meditan o simplemente pasman dejando pasar el tiempo.

La inmensa playa, el cálido clima y la hospitalidad canaria dan para todo y también para todos. Vecinos del barrio, familias de la Isla, guiris de todo pelaje, mujeres saharauis y mauritanas sin sus maridos, rodeadas de niños, africanos, indios, filipinos, sudamericanos y chinos asentados y sin asentar, menores no acompañados que llegaron en pateras, migrantes sin papeles...

Caleidoscopio en movimiento de razas, culturas y religiones, sin aspavientos, disfrutador de la presencia del ‘otro’ pero que se hace invisible por lo normal que resulta. Aquí cabemos tod@s, no importa el cuerpo que tengas, si lo tienes soberbio, si se te desmorona hacia abajo, si lleno de flotadores. Vístete y péinate como quieras. ¡Abajo la tiranía de la moda!

En esta playa nos cruzamos los ricos, los medios, los pobres y los excluidos. No importa quién seas ni lo que hagas. Bienvenido también si eres homosexual, transexual o lo que quieras. Tierra sin armarios. Eres libre. Solo tienes que respetar las señales.

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