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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Observatorio

El coronavirus y el día de la marmota

Hace unos tres meses parecía que la partida contra el coronavirus se iba ganando, pero, de repente, el incremento de las cifras en Europa empezó a alertarnos de que no podíamos cantar victoria, y esa ola acaba de llegar hasta encontrarnos metidos en la actualidad en cifras por encima de los 200 contagios por cada 100.000 habitantes, y con la preocupación de nuevo en el cuerpo, al habernos situado de nuevo en una especie de día de la marmota, o de deja vu, regresando, así, al punto de salida en el que partimos ya en marzo del año 2020; es decir, que dentro de tres meses se cumplirán ya dos años de una pesadilla de la que no acabamos de despertar. ¿Cuánto va a durar esto?, se pregunta la gente ya. Pues igual ha venido para quedarse. Esa es la sensación.

El coronavirus y el día de la marmota

La realidad y evidencia es que el virus se resiste y cuando comprueba que puede ir cediendo su influencia muta, revolviéndose para multiplicar su efecto contagioso y cambiar de nombre en la mutación para volver a reaparecer, luchando contra las medidas de precaución y contra las vacunas, y dando un mensaje de que no va a ser fácil vencerle, ni salir de esta situación. Porque el aviso que manda está claro. Lucha contra las medidas de contención y contra todo lo que se haga por destruirle. Y también manda otro de que va a ser imposible que este virus desaparezca, y se va a quedar con uno u otro nombre, o con varios, como la gripe u otras enfermedades. Porque, al final, toda esta situación ha cambiado las formas y modos de vida, las costumbres, y ha incrementado la adopción de medidas a adoptar, aunque parece que solo en una parte de la ciudadanía, porque sigue habiendo otros que se resisten a colaborar y permiten que el virus siga haciendo su efecto multiplicador.

De esta manera, la solución al problema consiste más en un trabajo colectivo de prevención y contención con aportaciones individuales de todos y cada uno de los que conforman la sociedad, porque las brechas que quiebran el esfuerzo de la colectividad impiden la solución definitiva del problema y permiten y convierten determinados periodos de tiempo en nuevos números de olas que van apareciendo conforme las medidas se siguen incumpliendo. Así, con independencia de la necesidad de adoptar medidas que sean eficaces al vencimiento del virus, todo el ámbito de respuesta se enmarca en una concienciación y una responsabilidad individual que nos permita volver de veras a la normalidad, porque seamos conscientes de que a ella no hemos vuelto nunca desde marzo de 2020, porque es la irresponsabilidad la que alimenta la aparición de nuevas olas y, además, provoca un efecto desmoralizador cuándo se comprueba que los esfuerzos colectivos de la mayoría van poco a poco produciendo efectos de rebaja de los índices de contagios para, de repente, volver otra vez a subir cuando se producen mutaciones ayudadas por los incumplimientos y las irresponsabilidades individuales. Ello es absolutamente desmoralizador, ya que empezar de nuevo de cero desalienta al más optimista.

Por ello, La situación actual con la sexta ola es lo mismo que ocurre en la película del día de la marmota, donde el actor se levanta cada día una y otra vez y siempre vuelve a ocurrir lo mismo, que es la cuestión que ahora surge en un escenario en el que parecía que la vuelta a la normalidad se estaba produciendo y la economía volvía a dar sus pasos para reactivar y recuperar lo que teníamos antes de marzo del 2020. Pero, de repente, se produce un retroceso a las expectativas y, desde luego, nos redirige a un punto de salida que vuelve a complicar los efectos de la recuperación económica y personal en la vida de los ciudadanos.

Todo ello nos demuestra que resultará imposible que este virus desaparezca por completo y se mantendrá como una gripe u otros virus contra los que habrá que luchar cada año, pero serán los expertos científicos y, sobre todo, la responsabilidad individual de cada ciudadano lo que va marcar el paso del presente y del futuro que ha provocado el virus en toda la humanidad, por lo que la sensación es que habrá que convivir con el problema, usando muy habitualmente la mascarilla, -seamos conscientes de que habrá que usarla- pero adaptando nuestras costumbres a esta situación, ante un virus que irá mutando siempre, pero que con control, con responsabilidad y respeto a las normas que se establezcan por las autoridades responsables. Y ahí está la clave de este problema que se centra en el respeto, el interés general y colectivo y con concienciación de que la vuelta a la normalidad depende de cada uno de nosotros y no de nuestros intereses personales.

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