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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Xavier Carmaniu Mainadé

Entender + con la Historia

Xavier Carmaniu Mainadé

80 años del ataque de Pearl Harbor

El 7 de diciembre de 1941 era un domingo soleado en la isla hawaiana de Oahu. Por la mañana, en la base naval de Pearl Harbor, las tripulaciones trabajaban como cada día. Cuando apenas eran las ocho, un rumor de motores anunció la aparición de cientos de aviones que ennegrecieron el cielo mientras dejaban caer una lluvia de bombas y munición sobre los buques anclados en el puerto. Durante dos horas, los aparatos japoneses atacaron incansablemente la principal base estadounidense del Pacífico.

Tras meses de preparación, Japón había enviado una flota de seis portaviones con 400 cazabombarderos 230 millas al norte del archipiélago de Hawái. Para evitar ser detectados, habían mantenido un silencio radiofónico total y absoluto durante 3.500 millas, hasta llegar al punto desde el que habían decidido que iniciarían el ataque. A las seis de la mañana despegaron los primeros aviones con la misión de convertir Pearl Harbor en un infierno en la tierra y destruir la flota estadounidense del Pacífico.

Murieron 2.400 personas, entre soldados y personal civil. Además, se perdieron unos 20 barcos y 300 aviones. Pero, a pesar de las terribles consecuencias del bombardeo, ni las reservas de combustible ni los astilleros de la base se vieron afectados, lo que permitió que la US Navy se rehiciera con cierta celeridad. Además, los buques más grandes de la flota tampoco se encontraban en Pearl Harbor en esos momentos.

Paralelamente al ataque de Hawái, el Ejército japonés también llevó a cabo acciones en bases americanas y británicas del sudeste del Pacífico (Filipinas, Hong Kong, Guam, etc.). Era una demostración de fuerza del imperio japonés. De hecho, las tensiones entre Washington y Tokio hacía tiempo que iban en aumento, porque el país el sol naciente se expandía por el territorio chino mientras los estadounidenses lo querían impedir imponiendo sanciones económicas y comerciales. De hecho, los servicios de inteligencia de EEUU sospechaban que sus destacamentos del Pacífico podían ser objeto de agresión, pero no contaban con que el objetivo fuera Pearl Harbor, por lo que la base no tenía un dispositivo de defensa exterior muy potente.

Al día siguiente, el 8 de diciembre de 1941, el Congreso y el presidente Franklin Delano Roosevelt declararon la guerra a Japón. La duda era saber qué ocurriría en Europa. Hasta ese momento, EEUU se había mantenido en una posición de no intervención, y solo actuaba como proveedor de material bélico para el Reino Unido. De hecho, entre 1939 y 1941, el régimen nazi de Hitler contaba con no pocas simpatías entre las esferas de poder de Washington. Pero Alemania tenía un acuerdo de colaboración con Japón y, animado por el éxito del ataque de Pearl Harbor, Hitler decidió declarar la guerra a Estados Unidos, cosa que también hizo Mussolini en virtud de los pactos que mantenía con el Tercer Reich.

Cuando se explican los hechos históricos desde la actualidad, a menudo se pierde de vista que en el momento de producirse nadie conoce cuál será su desenlace, al igual que nadie sabe quién es el asesino de una novela de misterio hasta que llega a su fin. Vale la pena tenerlo presente, porque hace 80 años no estaba nada claro que las fuerzas del Eje acabarían derrotadas y los aliados conseguirían la victoria. Cuando en 1939 Hitler había empezado a conquistar Europa, nadie había sido capaz de pararle los pies, y en 1941, el dictador nazi estaba convencido de que se adueñaría del mundo. La inoperancia de las democracias europeas, la inhibición de EEUU y el potencial japonés en el Pacífico le hacían ver el futuro con optimismo. Pero se equivocó.

El ataque de Pearl Harbor fue un golpe contra el orgullo americano, que las autoridades supieron canalizar para fomentar la implicación de la ciudadanía en la economía de guerra. Con un esfuerzo sin precedentes crearon el ejército más grande y moderno que existía en el mundo de entonces. Y nunca, durante la Segunda Guerra Mundial, olvidaron lo que habían hecho los japoneses el 7 de diciembre de 1941, tal y como quedó patente en agosto de 1945, cuando lanzaron las bombas atómicas contra los habitantes de Hiroshima y Nagasaki.

Campos de concentración en EEUU


Una de las consecuencias del ataque fue el inicio de la persecución contra los estadounidenses de ascendencia japonesa, que fueron represaliados de forma indiscriminada. Se crearon campos de concentración en el interior de EEUU donde fueron llevadas más de 100.000 personas. Este episodio es uno de los más controvertidos de la Segunda Guerra Mundial en EEUU.

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