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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

Mobiliario urbano

Querido amigo: la entrada a la Calle Triana por el Parque de San Telmo, es una de las imágenes más reconocibles de la ciudad y el acceso al casco antiguo de la urbe.

Hace unos años pudimos ver en esta calle una exposición de la obra monumental de nuestro escultor más internacional: Martín Chirino.

Después de aquella exposición, los responsables de cultura decidieron mantener en dicha calle la gran espiral del escultor que hasta ese momento se había ubicado en la carretera de Tafira, cerca de la Universidad.

En mi opinión, Gregorio, creo que esta escultura no está situada en el lugar idóneo que le correspondería, tanto por su importancia como por su tamaño, porque, situándola en el lugar que está, ni la escultura deja ver la calle ni la calle deja ver la escultura.

Peor ha sido cuando han tenido que ponerle una especie de baranda de seguridad para que los peatones no se tropiecen con ella. Pero lo más grave es que, con motivo de estas fiestas navideñas, el Ayuntamiento ha decidido ponerle delante un osito iluminado con un asiento para que la gente se saque fotos. Fotos que se sacan con el osito, no con la escultura, que ha sido relegada a la condición de trasto de mobiliario urbano donde la gente utiliza la baranda de hierro para aparcar la bicicleta o como percha para colgar la chaqueta del chándal, y si nadie lo remedia, seguirán utilizándola así durante todas las navidades.

Es como si disfrazaran la estatua de Pérez Galdós de mascarita para celebrar las fiestas de carnaval, o como si vistieran la escultura de Juan Negrín de Juan Bordes con los colores del arco iris durante las fiestas del orgullo gay…

Las esculturas públicas son obras de arte, y no simples objetos del mobiliario urbano. Sobre todo esta escultura de Martín Chirino, que se debería reubicar en un lugar más relevante. Como, por ejemplo, en los alrededores del Teatro Pérez Galdós o sobre la estación de Guaguas de San Telmo, para que pudiera verse desde el mar y la Avenida Marítima.

Hay que decir que no cualquier escultura es una obra de arte, y que hay algunas que también tendrían que reubicarse, pero para guardarlas en el vertedero municipal…

El problema es que no hay un equipo profesional que vigile lo que hay que poner o no en nuestras calles, y mientras sean los políticos los que deciden, seguiremos viendo bustos y estatuas de homenaje por toda la isla.

Para que una escultura se considere obra de arte debe ser representativa del artista que la creó, de modo que, el valor que tiene El pensador de Rodin no radica en el parecido que tenga con alguien, sino porque es una obra característica de este gran escultor. Es por eso que, los pocos hitos monumentales que tenemos en nuestra ciudad, no se pueden adornar como si fueran arbolitos de navidad.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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