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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Carmen Martínez-Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Memoria

El pisar mullido de las hojas de diciembre en Cánovas, húmedas y doradas, me ha traído de golpe el recuerdo de las mañanas de otoño en la Barcelona de mi niñez y las raras ocasiones en que mi padre me llevaba al colegio. Él era muy alto y yo muy pequeñita, pero su mano poderosa me llenaba de seguridad y de orgullo infantil porque ese padre de porte imponente era el mío.

Tenía mucho genio, liberado en raras ocasiones, sentido del humor, convicciones inamovibles y sus dichos propios. Joven él y niños nosotros, le recuerdo aquel «más que, menos que…», recriminándonos con retintín que nos comparáramos entre hermanos, pues detestaba que sus hijos se pelearan. También aborrecía el «no me apetece, sí me apetece», muy partidario siempre de hacer lo que había que hacer, viniera bien al cuerpo o no. Tal vez por eso, ya mayor, porque a anciano no llegó, y considerando seguro que estábamos sus hijos suficientemente educados, reconocía que se sentía muy identificado con el irreverente estribillo de Pata Negra «todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda».

Una amiga me cuenta que su padre nonagenario, viudo, militar, muy religioso y más proclive siempre a la meditación que a la vida social, pasa la vida metido en casa, horrorizado al ver en lo que se está convirtiendo España. Y no diré yo que me alegre de que el mío no pueda verlo, pero sí que me he sentido aliviada de que mis padres, que serían muy mayores, se hayan ahorrado estos dos últimos años de angustia y soledad forzosa o muerte que han vivido tantos queridísimos ancianos.

En cuanto a la situación de los que pensaron que nuestra patria podría llegar a ser el hogar común de todos los que pueblan su geografía variada con respeto por su tradición, principios, historia, creencias, lengua, cultura, vida y paz y también por su libertad, democracia, tolerancia, diversidad, solidaridad y ley, me gustaría creer que se habrían adaptado a estas horas aciagas de una España oscura en que, por ejemplo, todo un Gobierno promete a un Govern que no hará cumplir una sentencia del Tribunal Supremo.

Pero lo dudo.

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