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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Apartheid

En cuanto a mecánica doméstica, pocas cosas me parecen más repugnantes que el acoso organizado por la Generalitat contra la familia del niño de 5 años que reclamó ante la justicia poder recibir educación en castellano.

La reclamación que ha levantado la ira de los independentistas que defienden el modelo de escuela de catalana es simplemente que en el centro de estudios de Canet de Mar se imparta el 25 por ciento de las clases en una de las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma. Esa reivindicación de la cuarta parte de una actividad docente ha llevado a los activistas que participaron en la movilización a proferir gritos en favor de Terra Lliure, la extinta organización terrorista, y a exigirle al Govern que plante una vez más cara al Estado. Hay que recordar, por si a alguien se le ha olvidado, que ERC, los republicanos al frente de la Generalitat, son socios puntuales de Pedro Sánchez en el Gobierno de Madrid, que ha decidido desentenderse de la suerte que corre la lengua común de los españoles en Cataluña, al igual que tampoco se ocupa de otras cosas de significada trascendencia en el país para eludir meterse en mayores problemas.

A una familia que reclama sus derechos se la señala en las redes sociales mientras se emprende contra ella una campaña pública de acoso y escarnio. Solo por pedir que se cumpla la ley reciben el desprecio de una parte de la sociedad excluyente y supremacista catalana con el apoyo inducido del propio govern de la comunidad. Los activistas declaran el apartheid a unos vecinos sin siquiera huir de la palabra con que hace décadas se bautizó en Sudáfrica a la mayor ingeniería de odio social y racista que se recuerda. El Gobierno de España se escuda en que no le competen las a ctuaciones. Es cosa de la Generalitat, sostiene, cuando es precisamente la Generalitat quien promueve la agitación.

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