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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Observatorio

El Spotify de Merkel

Estos últimos días las redes se han llenado de resúmenes anuales de Spotify, en los que los usuarios comparten cuáles han sido las canciones y los podcast que más han escuchado. Es muy fácil, abres Spotify y una simpática animación se dirige amistosamente a ti y va desgranando tu actividad, desde cuántos minutos de música has escuchado hasta qué canción escuchaste en bucle; y, mientras tanto, te va dando jabón, diciendo lo bien que lo has hecho, como si escuchando música hubiera también que hacer méritos. Finalmente, loa tu excelente gusto y te invita a compartirlo con el mundo. Cosa que, aunque tal vez con la sospecha de que «eso seguro que se lo dices a todos», han hecho muchos.

A mí también me ha preguntado que si no quiero que el mundo sepa qué música me gusta. No, no quiero. Pero como esta es época de compartir, voy a mojarme también.

Veamos, lo que más he oído, que no escuchado, este año es a los dos perros balconeros de mi calle. Tengo uno a la derecha y otro, un poco más lejos, a la izquierda. Ambos grandotes, ambos infatigable trabajadores del ladrido. El de la derecha gana en minutos, el de la izquierda en intensidad. En tercer lugar, quedaría el carlino de una vecina, campeón en pesadez, porque donde haya un perrito con agudos punzantes, que se quiten todos los de voz grave. El cuarto recae en el orfeón perruno de la plaza de Osca que, mientras escribo estas líneas, ofrece uno de sus conciertos gratuitos y para todos los públicos.

¿Y la música? No. Eso es algo muy personal. La música que nos gusta nos desnuda un poco, porque expone qué nos emociona, nos conmueve, nos hace felices, nos hace llorar… Cuando descubrimos que a alguien también le gusta una de nuestras piezas favoritas, nos sentimos más cerca de esa persona; del mismo modo en que nos duele como una ofensa personal –porque lo es– que alguien se ría de una canción que nos gusta.

Hace unos días se despidió oficialmente a la cancillera alemana Angela Merkel en una ceremonia militar, en un acto bastante controvertido por sus orígenes y escenificación, reservado a presidentes, cancilleres y ministros de Defensa, llamado Zapfenstreich. El homenajeado puede elegir tres piezas musicales que interpretará la banda militar. Una elección muy difícil, porque los temas escogidos son analizados por la prensa y el público, tanto por su valor simbólico como sentimental. Así, el excanciller Schröder, que habría inventado lo de las puertas giratorias si no hubiera existido ya, eligió, no sé si con retintín o no, Die Moritat von Mackie Messer de La ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht, y Summertime, de George Gershwin. Y el himno de los señores que piensan que lo han logrado en la vida, My Way, de Frank Sinatra. Ursula von der Leyen, que fue ministra de Defensa antes de presidenta de la Comisión Europea, pidió para su despedida el Himno a la alegría de Beethoven, el Ave Verum de Mozart y Wind of Change, de los Scorpions. Muy programático, como pueden ver.

La lista de Merkel ha sido muy comentada. La cancillera saliente ha pedido una pieza religiosa, Großer Gott, wir loben Dich, algo esperable en la hija de un pastor. Las otras dos pillaron a la banda a contrapié, porque no las tenían en el archivo y tuvieron que arreglarlas en poco más de una semana para la formación de viento. Una de las ellas era Für mich soll’s rote Rosen regnen, de Hildegard Knef, una cantante a la que donde no le llegaba la voz le llegaba la personalidad. En esta canción, una mujer repasa sus años y muestra al final, con un contundente «Ich will, ich will» («quiero, quiero»), la voluntad de no renunciar a nada en la vida. Y la sorpresa, Du hast den Farbfilm vergessen, de Nina Hagen, la reina del punk en la RDA. A pesar de que el título, Te olvidaste la película de color, suena a canción del verano y del tono festivo de la música, se consideró una crítica a la tristeza y escasez en la RDA. Le preguntaron al respecto y respondió lacónicamente que era un éxito en su juventud. Después sonrió.

Y, aunque no simpatice ideológicamente con ella, creo que todavía no sabemos cuánto nos va a faltar la figura de esta mujer, su mezcla de energía y estoicismo y, sobre todo, su honestidad. Como destaca la prensa alemana, mientras se despedía a una cancillera libre de cualquier escándalo, en la vecina Austria veían la caída definitiva de Sebastian Kurz, paradigma del político oportunista y sin escrúpulos. En fin, mejor terminemos con música. Por si les apetece, el periódico Augsburger Zeitung ofrece la lista de las canciones elegidas por los presidentes y cancilleres, por supuesto, en Spotify.

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