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Jorge Dezcallar

Observatorio

Jorge Dezcallar

Ucrania en el ojo del huracán

Ucrania en el ojo del huracán

El despliegue por Rusia de tropas junto a la frontera de Ucrania estos días ha disparado todas las alarmas. Moscú lo hace por razones geopolíticas que tienen que ver con la expansión de la OTAN, porque considera que los Estados Unidos están en decadencia y han perdido las ganas de luchar, y quizás también para distraer de sus problemas internos tras el impacto de las sanciones y su pésimo manejo de la pandemia.

A Putin le obsesiona lo que considera un creciente acoso de la OTAN después de que doce países de la extinta URSS se hayan adherido a la Organización y lo percibe como una amenaza existencial. Por eso quiere dotarse de un glacis defensivo en torno de su propio territorio y por eso le importa tanto Ucrania.

Ucrania tiene 1.700 km de frontera con Rusia, 44 millones de habitantes (la mitad hablan ruso y son de religión ortodoxa) y su historia está estrechamente ligada a la de la propia Rusia desde el medioevo. Para Putin son razones suficientes para afirmar que Ucrania es una «parte inalienable de Rusia» y que debería estar ligada a Moscú o al menos ser sensible a sus intereses. Y exige que Kiev deje de coquetear con la Unión Europea y con la OTAN como viene haciendo desde 2014 tras el derrocamiento del presidente prorruso Viktor Yanukovich cuando suspendió la firma de los acuerdos de Asociación y de Libre Comercio con la UE. El Kremlin vio en su caída la larga mano de europeos y americanos.

En 2008 la OTAN ofreció con cierta frivolidad el ingreso a Ucrania y a Georgia sin fijar fecha, una promesa que ni se ha cumplido ni lleva trazas de hacerlo. Hoy Ucrania es socio de la OTAN, y en esa capacidad envió tropas a Irak y Afganistán, pero no es miembro y la diferencia es importante porque a los socios no les es de aplicación el artículo 5 de defensa automática colectiva en caso de agresión exterior. Es decir, que si Rusia atacara a Ucrania la OTAN no la defendería con las armas en la mano. Y el mismo Biden excluyó tajantemente hace unos días esa posibilidad.

Moscú cree que Ucrania está poco a poco convirtiéndose en una especie de portaaviones al servicio de sus enemigos junto a su frontera, y como no está dispuesto a admitirlo se anexionó inicialmente Crimea en 2014, algo que nadie en el mundo ha reconocido pero que no por ello parece menos irreversible, y ha intervenido luego de forma encubierta para fomentar el separatismo de las llamadas repúblicas de Donestk y de Lugansk. Todavía no las ha reconocido pero ya ha repartido en ellas medio millón de pasaportes, mientras continúan allí combates entre los separatistas y las fuerzas regulares ucranias.

Moscú está concentrando ahora 175.000 soldados junto a la frontera de Ucrania, disparando no las armas –al menos hasta el momento– pero sí todas las alarmas. Puede que se trate de maniobras militares inocentes pero ni el momento elegido ni el lugar donde se hacen animan a pensarlo así. Por eso Putin y Biden tuvieron esta semana una tensa conversación telefónica en la que el primero le ha pedido que le garantice que Ucrania no entrará en la OTAN (lo que no deja de ser una inadmisible injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano), y el segundo ha reiterado su compromiso con la soberanía de este país y ha amenazado con fuertes sanciones económicas si Rusia agrede o invade Ucrania. A estas amenazas se han unido también Ursula con der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y el secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, que advirtió a Rusia que cualquier agresión «tendrá consecuencias». Se trata de enfrentar al Kremlin con el cálculo de los costes humanos, económicos e incluso reputacionales de la aventura en comparación con sus eventuales beneficios en forma de seguridad y de territorio.

Después de la conversación hay indicios de que Rusia se lo está pensando mejor pues Putin puntualizó que «Rusia hace una política exterior amante de la paz pero tiene derecho a garantizar su propia seguridad», añadió que «esperamos que al menos esta vez nuestras preocupaciones sean escuchadas», y se comprometió a seguir el diálogo con Washington en las próximas semanas.

Veremos. De momento sigue desplegando a sus soldados.

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