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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Antonio Balibrea

El mundo por de dentro

Antonio Balibrea

Periodista y sociólogo

La guerra de los precios

La inflación (al alcance de los ministros)» es una segunda reflexión de José Luis Sampedro, en esta ocasión con Carlos Berzosa, sobre un tema clave en los próximos años como es la inflación. La primera fue «La inflación en versión completa» (Planeta.1976. Colección RTVE). El autor de novelas tan demandadas como «La sombra etrusca» u «Octubre, octubre», vivió durante muchos años hasta su jubilación de su profesión como catedrático de Estructura Económica en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. La tesis de Sampedro era que la inflación la provocan los distintos agentes sociales cuando suben el precio de los bienes y servicios que producen con objeto de acaparar una mayor proporción del producto interior bruto o de las rentas mundiales. El ejemplo lo tenía al alcance de la mano en lo que se llamó la crisis de los 70.

En octubre de 1973 tras la guerra del Ramadán, o del Yom Kippur, que enfrentó a Israel con los países árabes, el petróleo paso de 3 dólares a casi 12 en un año, como ahora el kilowatio. El resultado fue muy gravoso para las balanzas comerciales de los países industrializados. El petróleo principal fuente de energía era una necesidad imprescindible, la consecuencia más aparente fue la recesión y la inflación mundial que siguieron. La OPEP desde entonces revisó semestralmente los precios del crudo para compensar la tendencia a la devaluación del dólar. Otro resultado fue la acumulación de reservas de divisas, y grandes excedentes financieros en manos de los países exportadores de petróleo.

Actualmente los países exportadores han autolimitado su propia producción lo que acarrea una subida de precios de la energía y el debilitamiento de la demanda. Tanto en los años 70 como ahora la subida de la energía afecta sobre todo a Europa Occidental y Japón, que son las áreas más dependientes; mientras que Estados Unidos puede autoabastecerse. La reacción de los países mas desarrollados fue, y será, repercutir los aumentos del precio de la energía en sus propios productos, con la consiguiente inflación internacional. A diferencia de los años 70, Europa ha diseñado una estrategia para sustituir en gran parte las energías fósiles por energías renovables, en consonancia con los Acuerdos de París para frenar el cambio climático. Acuerdos de los que se descolgó Trump en una clara ofensiva anti Unión Europea; Biden encuentra serias dificultades- por parte de las empresas de energías fósiles- para reengancharse al Acuerdo de Paris como las encontró en la reciente reunión de Glasgow o para aprobar la ley Build Back Better (Reconstruir Mejor), que es decisiva para sumar a EEUU en la lucha contra el cambio climático.

En la medida en que las empresas de energías fósiles detraen recursos con las subidas de precios se reduce la inversión en renovables, y se ralentiza aún más la recuperación económica. Si en los años 70 la alternativa fue el desarrollo de la energía nuclear, hoy lo son las renovables. La energía nuclear solo la desarrolló a fondo Francia. Además, ha tropezado con los accidentes en Chernóbil y Fukushima.

La Reserva Federal (el Banco Central norteamericano) ya ha anunciado que, para frenar la inflación, revisará tres veces durante 2022 los tipos de interés, es decir el precio del dinero- su «producto»- lo que supondrá: aumentar los costes de la deuda, encarecer cualquier tipo de inversión, y frenar la recuperación económica. El Banco Central Europeo no subirá los tipos de interés, pero dejará de comprar deuda, y por lo tanto drenará la liquidez y la capacidad de inversión del sistema. En resumen, los bancos centrales frenan la expansión económica cómo forma de intentar controlar la inflación.

España es de los países que más adelantada lleva la política de inversiones en renovables: aerogeneradores y fotovoltaicas, sobre todo. Lo que requiere más tiempo es sustituir las energías fósiles en transportes, desde el coche al avión. Para eso hacen falta las baterías de litio y la producción de hidrógeno «verde»- hidrógeno producido mediante energías renovables- y las correspondientes redes de distribución y recarga. Estas inversiones de los fondos Next Generation tardarán todavía años. Los consumidores de energía para no perder poder adquisitivo, aumentamos las demandas salariales y los empresarios reclamarán revisiones de precios. Reivindicaciones en los convenios y movilizaciones, por lo tanto. es previsible una primavera caliente y una mayor agitación social. Hará falta mucho diálogo y capacidad de pactos. Se trata del reparto del pastel y las energéticas- mas las de fósiles- ya han cogido su cacho.

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