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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El palique

El marisco está caro

El marisco se está encareciendo brutalmente en vísperas de la Navidad y no hay solución». Mientras oigo esto en la radio pienso en una solución: no comprar marisco. Es difícil pero puedes habituarte. Te levantas, te recuerdan las redes sociales que es Navidad, tomas café con un dulce navideño, pones la tele, sale un anuncio de Navidad, abres el periódico y hay un columnista que habla de la Navidad. Y entonces te lanzas al mercado a no comprar marisco. Prueba superada. Pero claro, luego llega la tarde. Tomas café, das un paseo y no compras marisco pese a la tentación. Y pese al escaparate de la pescadería, donde vivaquean gambas, langostas y bogavantes. Llegas a casa y tachas del calendario un día. Un día sin comprar marisco. A ti no te va a costar un riñón el marisco, aunque estés dispuesto a que el sacrificio te cueste un ojo. Hay quien añade «de la cara». Un ojo de la cara te va a costar esto o lo otro y tal, dicen. Como si hubiera que especificar. Bueno, sí, hay otro ojo, pero está menos presente en nuestro imaginario, creo yo, no sé, dicho así a ojo. Ojo con el marisco, que se está poniendo por las nubes en lugar de ponerse por las bandejas con mayonesa o limón, al grill o cocido.

Hay columnas en diciembre que se escriben sobre el marisco y columnas de enero que se hacen cuesta arriba. Columnas como un diálogo de besugos que versan sobre la lubina y columnas que como las bicicletas son para el verano. Las columnas que se redactan con hambre se comen los premios y hay columnas premiadas que alimentan poco. Las columnas bien cocinadas podrían tener una estrella Michelin, sin que falten columnas estrelladas. También sabrosas o ácidas, redundantes o nutritivas. Las columnas picantes escuecen al político y las literarias sueñan con vencer al tiempo. La fugacidad es la guarnición de la columna, que a veces tiene el solomillo en el centro. Los maestros del género la hacen con buen huevo hilado pero el almíbar les sienta mal. De la mayonesa no hay que abusar. Las columnas sobre cigalas hay que cogerlas con pinzas y las que pretenden montar un pollo nos las echamos a la pechuga. Columnas florero y columnas festín. Como una mariscada.

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