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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La promesa del hijo

En Italia, los mayores de 50 años son elegibles para presidir la república. Los partidarios de Berlusconi, que tiene 85, dicen que por ese motivo no deben existir distinciones por causas de senectud. La del Cavaliere es una senectud muy avanzada. Su aspiración se basa en una promesa que le hizo a su madre de que algún día llegaría a la presidencia. Es improbable que lo consiga, en su caso existe una división de opiniones superior a la de cualquiera de quienes desempeñaron antes la jefatura del Estado. Los candidatos en Italia tampoco solían postularse antes de la elección. En el caso del exprimer ministro, su nombre se ha filtrado en reiteradas ocasiones en los medios de comunicación y Berlusconi no se ha ocupado de frenar las especulaciones. Por contra, se proclama un anciano estadista experimentando en los vaivenes de la política europea.

Sin embargo, el magnate multimillonario de los medios sigue siendo una figura muy controvertida en su país. Fue excluido temporalmente de un cargo público después de una condena por fraude fiscal en 2013, y todavía se halla pendiente de juicio por sobornar a testigos en un caso de prostitución de menores en sus infames fiestas sexuales “bunga bunga”, de hace más de una década. La lentitud procesal impide que la condena, de haberla, aflore cuando y como es debido, pero si fuese al contrario siempre habría italianos dispuestos a disculpar a un personaje así.

El papel del presidente de la República en Italia, aún en las peores circunstancias, siempre ha sido el de contrapunto y equilibrio político, un puesto asociado a la respetabilidad del que lo ocupa. No se me ocurre nadie más inadecuado que Silvio Berlusconi para ejercerlo. El titular del Quirinal está llamado a solucionar problemas, a intervenir de mediador en los estancamientos y conflictos del Gobierno. Sergio Mattarella es el último ejemplo. No veo al Cavaliere descargando sobre sus hombros la responsabilidad institucional que se requiere. Veo, en cambio, un disparate.

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