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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Javier Cuervo

Artículos de broma

Javier Cuervo

Bárbara Rey, sus variedades

La izquierda republicana quiere llevar a Bárbara Rey a sede parlamentaria y ella está dispuesta a ir porque eso sube el caché en el plató. La vedete ha sido muy dispuesta en un set de televisión, en un estudio de grabación, en un rodaje de destape, en las tablas de un cabaré, en la jaula de fieras de un circo, en la cama de un monarca. Artista de variedades.

El personaje de cuerpo entero es del siglo XX; el de la casquería, del XXI. Sus despojos selectos de 18 años de amante del Borbón son una remasterización de éxitos por los que ya cobró bien -con materiales de chantaje- primero un sueldo que pagaba el espionaje del Estado, luego un finiquito en forma de contrato televisivo. Qué cara es esta gente, lo que ganan y lo que gastan. Ponen por las nubes la vida sexual de un rey.

No hay forma de divulgar a los más pequeños que fue la Bárbara Rey del siglo XX y la sorpresa de ver en la tele predemocrática y única una mujer de piernas largas, pelo corto y voz grave que, en la suma de estas tres características, cubría un repertorio de gustos más amplio y secreto que la evidencia marilyna de Agata Lys, la cercanía de las primas Estrada, la blanca palidez de Victoria Vera, la morena desnudez frontal de María José Cantudo, la germana felinidad de Nadiuska y todo aquel banco de sirenas que varó la «ola de erotismo que nos invade». En los hitos de aquel cine cutre, hammond y rijoso, Bárbara Rey comparte con Rocío Dúrcal el primer beso lésbico del celuloide español, por el que recibió un premio honorífico en 2010 en el Festival de Cine Gay y Lésbico andaluz.

El descubrimiento del cuerpo propio y de las actrices fue un fenómeno de la acelerada, acneica y pajillera adolescencia social que trajo la Transición política. Un día de 1976 Adolfo Suárez presentó a Juan Carlos I y Bárbara Rey y en adelante escoltas y espías aparcaron muchas veces ante un chalé de Boadilla, claro, del Monte, por supuesto. No lograron neutralizar que se hiciera con pruebas para un chantaje y 45 años después se elige a Bárbara Rey como el cuerpo del espíritu de la Transición en sede parlamentaria.

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