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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

El cerebro en tiempos de pandemia

La especie humana puede evolucionar por la tecnología, que va desde el tenedor a un cuchillo eléctrico, o por utilizar un tipo de corsé que mantiene la espalda recta, y como consecuencia de ello el individuo alcanza una posición erecta. Son cambios que machacan el espectro social un día y otro hasta el punto de modificar la vida en común y también los actos en soledad. Una evolución enorme en pandemia, pese a la corta franja temporal en la que se ha producido, se centra en el cerebro: el excelente órgano se ha adaptado en un tiempo récord a los vaivenes de la pandemia, con sus avances y retrocesos sorprendentes. El ajuste a las nuevas normas de convivencia para salvar la salud pública ha supuesto un salto tremendo. Dos años atrás nadie habría dado por hecho que la mascarilla se encuentra al mismo nivel de uso que un cepillo de dientes, o que un virus iba a decidir finalmente los comensales de una mesa navideña donde ningún poder civil había osado entrometerse. Tengan por seguro que estos giros en la vida no serán suficientes para hablar de una civilización distinta con un catálogo innovador de costumbres. Se dice que la ciencia –las vacunas demuestran su poder frente a la ómicron– saldrá reforzada, quedando el negacionismo como simple anécdota. Pero no es lo único: el hombre ha visto el tamaño de su vulnerabilidad y no le ha importando plegarse a leyes extraordinarias e invasivas para salvar el pellejo. En un cosmos social donde la individualidad prima se ha producido una inflexión, un derrumbe de los intereses privados en favor de los públicos. Por desgracia, esto sólo ha sucedido por una razón tan elevada y acuciante como el cuidado del cuerpo y sus órganos. Nada de lo que penosamente atravesamos es sin coste material y espiritual. Forcejeamos con intensidad para no caer derrotados bajo el desorden mental, y es verídico que el desequilibrio empieza a hacer mella en algo tan esponjoso como el receptáculo de las neuronas. Ahí dentro se produce el gran reto de comprender qué ocurre.

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