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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Reencuentros

Me ha ocurrido algo curioso. Para estas Navidades, y aprovechando la confluencia de toda mi familia en Las Palmas de Gran Canaria, rescaté un lote de diapositivas anteriores a mi boda, que llevaban décadas arrumbadas, para digitalizarlas y así poder mostrárselas a mi manada. Cuidado, que hace poco que celebramos los cincuenta años de nuestras bodas de oro, por lo que nuestras tres hijas y sus respectivas familias habían de trabar conocimiento con perfectos desconocidos. Pero lo que me ha cogido de sorpresa es haberme reencontrado con la mirada de mi mujer en modo novia, cuyos rasgos el tiempo inmisericorde se había empeñado en difuminar, y el efecto ha sido fulminante. ¡Me he vuelto a enamorar!

Otra constatación, al recuperar imágenes del pasado, es que lo importante no son tanto los paisajes y monumentos coleccionados, sino los rostros y las miradas de tantos amigos y familiares olvidados o ya desaparecidos. Las vistas vienen a ser meros decorados, simples testigos mudos de nuestra presencia en determinadas localidades. Porque hoy en día están infinitamente mejor documentados y plasmados todos aquellos panoramas con tanta dificultad recopilados. Con un simple click en nuestro ordenador podemos visitar el gran cañón del Colorado, las cataratas Victoria, o los modestos Roques de Salmor. Pero nadie nos devolverá la mirada entrañable del pescador que nos llevó en su bote hasta los roques aquel día memorable.

En un paseo fotográfico por el pasado no siempre es posible establecer una cronología fiable. Normalmente es la madre la que suele clavar las fechas, apoyándose en los embarazos y sucesivos nacimientos. «¡Mira, ahí es cuando estaba yo embarazada de Ana! Debió ser en el 70». ¿Pero como datar las efemérides anteriores al noviazgo o casamiento previas a la irrupción de los hijos? Pues a los que no tenemos referencias de convenientes partos, nos queda el recurso de guiamos por los coches: «Ese viaje debió ser en el 66, tú ya no tenías el Volkswagen, y acabábamos de comprar el Ronda». «Fíjate, el Rover estaba recién pintado, tuvo que ser después del 75». Porque la verdad es que este sistema de datación puede dar bastante juego, sobre todo si lo aplicamos a más de medio siglo. Un período de tiempo que sin ser uno ningún potentado suele dar para el usufructo de unos cuantos vehículos.

Otra observación, que fue más un sobresalto que una constatación, lo constituyó un momento en el que sentados mi mujer y yo coincidimos en una mirada cómplice a los doce familiares que nos rodeaban en el pleno de nuestro cónclave navideño. Nos percatamos de pronto que sin nosotros no se hubiera materializado todo este equipo de fútbol, que tan bien se lo estaba pasando ante nuestros ojos: «¡¿Pero qué hemos hecho?!» .

Hasta que nos tranquilizamos, al punto de relajarnos e instalarnos en cierta sensación de serena satisfacción, pues ¿qué podían representar nuestras tres hijas con sus tres maridos y nuestros seis nietos sino un motivo de justificado orgullo?

¡Porque habíamos hecho las cosas bien!

Lo que quiero hacer constar aquí, para que lo sepan Uds., queridos míos.

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